Ágoraa diario la arena política

realidad en blanco y negro...

Maximiliano Cladakis-Edgardo Bergna editores. Organo de opinión política de Atenea Buenos Aires. Radio Atenea y Agora Buenos Aires

Escriben: Leandro Pena Voogt-

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lunes, 20 de marzo de 2017

Exterminio

opinión. Agora...a diario 20/03/2017




Maximiliano Basilio Cladakis

El 24 de marzo de 1976 aconteció el inicio del exterminio. Con la finalidad de reconfigurar la Argentina a partir de las exigencias de los poderes concentrados nacionales y transnacionales, sectores cívicos y militares dieron comienzo a un plan sistemático cuyas consecuencias, cuarenta años despues, siguen haciendo sentir su impronta. El exterminio se perpetuó como marca endeleble de nuestra historia que nos constituye subjetivamente a cada uno de nosotros.

Hubo 30000 desaparecidos, robos de bebes, asesinatos, vuelos de la muerte, torturas y violaciones. La apoteosis del terror fue llevada a cabo por el aparato del Estado y avalada por amplios sectores del poder económico, mediático y eclesiástico. El exterminio buscó no sólo matar, sino deshumanizar a sus victimas, “desaparecerlas” del ámbito de lo humano. Sin nombres, sin destinos, sin tumbas, sin fechas de muerte, habitando en el estado de “ni muertos ni vivos”, el exterminio convertía en fantasmas a sus victimas. Y cualquiera podía convertirse en un fantasma más.

El fantasma que comenzó a recorrer la Argentina no era el anunciado por Marx. Se trataba del fantasma de un horror indescriptible que penetraba en cada uno. El exterminio de los treinta mil era la posibilidad de exterminio de todos. El horror y el recuerdo del horror quebrantaron los lazos de solidaridad entre los habitantes de un pueblo haciendo emerger el “salvese quien pueda” como apotegma existencial. El “algo habrá hecho” pronunciado por alguien cuyo vecino se transfiguraba en desaparecido, era una manera de exorcizar la posibilidad de que el exterminio cayera sobre él. Justificar lo injustificable para sentirse seguro.
La política que, desde casi el origen de la cultura, era lo que constituía al ser humano en tanto tal, se reconfiguró como pecado venial. El peligro de elimación trastocó el sentido de la existencia humana: lo común, los asuntos de la polis representaban la posibilidad de desaparición y deshumanización, el refugió en lo privado se constituyó como lugar de realización de lo humano.

Esa inversión existencial continua cumpliendo hoy un gran poder de atracción. La entronización de lo privado, la banalización de lo política, la comprensión de los progresos y logros colectivos como lemas vacios y la fe incuestionable en los progresos y logros individuales son consecuencias de ello. Lo privado se presenta como lugar seguro mientras lo político es demonizado. Hoy mismo, nuestro actual gobierno, le habla al individuo, uno de sus intelectuales orgánicos dijo incluso que el sujeto del PRO no es el pueblo sino los individuos, al mismo tiempo que lleva a cabo persecusiones ideológicas, detenciones política y acciones represivas frente a las movilizaciones sociales.


La Alianza Cambiemos también busca generar el Horror para exterminar lo político y así implantar el mismo modelo económico que llevó a cabo la Dictadura Civico-Militar de1976.

jueves, 16 de marzo de 2017

jueves, 9 de marzo de 2017

Milagro Sala

opinión. Agora...a diario 09/03/2017





miércoles, 1 de marzo de 2017

Repudio a las amenazas contra Roberto Baradel y a la complicidad del Presidente Maurio Macri

opinión. Agora...a diario 01/03/2017

   Desde Agora ... a diario repudiamos las amenazas recibidas por Roberto Baradel y su familia, como así también la permisividad cómplice del Presidente Mauricio Macri por sus dichos en el Congreso de la Nación. El clima de época gestado por la llegada al gobierno de la derecha nos retrotrae cada día  a las épocas más funestas de nuestra historia. Que un dirigente sindical reciba amenazas de muerte (que incluyen a sus hijos) es un síntoma de los nefastos días en los que transita nuestro país y que el Presidente de la Nación en el acto de apertura del Congreso diga frases como las que dijo muestran a una sociedad que se mueve en una constelación donde el Estado de Derecho se difumina hacia un Orden Dictatorial.

Edgardo Bergna

Maximiliano Cladakis

lunes, 27 de febrero de 2017

Lo que está en juego

opinión. Agora...a diario 27/02/2017


Maximiliano Basilio Cladakis

   En sus cursos sobre la Fenomenlogía del Espíritu de Hegel, el filósofo ruso Alexandré Kojève decía que toda la dialéctica histórica se funda en la dialéctica entre Amos y Esclavos. El devenir histórico del hombre se encuentra, entonces, signado por la permanente oposición entre esas figuras que, en su universalidad, pueden dar cuenta de los conflictos que atraviesa cada época concreta. Es decir, se trata de figuras que, en su encarnación histórica, tornan comprensibles la relación colono-colonizado, burgués-proletario, incluido-excluido, etc.

  Sin lugar a dudas en la afirmación de Kojève, resuena la impactante sentencia que Marx pronunciara en el Manifiesto Comunista acerca de que “la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”. El conflicto se vuelve el motor originario de la historia, un conflicto descarnado, impiadoso que adquiere el carácter de, como decía Hegel, “una mesa de carniceros”. La historia de la humanidad, pensada desde ese horizonte conceptual, es una historia que no es completamente humana. El propio Kojève sostiene que no hay simplemente hombres sino que hay hombres Amos y hombres Esclavos. Lo que significa que la humanidad en sentido integral, aún no es.

   Los panoramas actuales de nuestro país, de la región y del mundo muestran claramente ese desgarro que atraviesa una humanidad no realizada. Presos políticos, transferencia de recursos hacia los sectores más concentrados de la riqueza, aumento exponencial de la riqueza y aumento exponencia de la miseria, racismo, xenofobia, muros que se alzan en defensa de los opresores: desde el prometido por el actual Presidente de Estados Unidos, como los incontables muros contruidos por Israel, como, en lo micro, los muros de los barrios privados para defender a los acaudalados de los desposeídos. No hay seres humanos, hay humanos opresores y humanos oprimidos y entre ellos hay una guerra, a veces más silenciosa, a veces más estruendosa. El Papa habla de este momento como el de una tercera guerra mundial. Tiene razón.

    Y en esa guerra global cada uno de nosotros cumple un rol. Desde la posición en que nos hallemos, cada palabra, cada acto, cada gesto se circunscribe inevitablemente a ese marco universal. Jean Paul Sartre decía que se trata de elegir por las masas o contra las masas, por el hombre o contra el hombre. En efecto, elegir y elegirse por las masas de oprimidos de nuestro país, de nuestra región y del mundo es elegir y elegirse por la posibilidad de una humanidad integral. Y eso es lo que está en juego en este momento (como, probablemente, lo ha estado siempre) la posibilidad de una humanidad real, no cercenada, no atravesada por la sanguinaria marca de la opresión, puesto que hasta que no sea superada y eliminada la relación de la opresión seguiremos, y aquí retomamos nuevamente a Marx, en el reino de la necesidad, no en el de la libertad y nuestra historia será tan sólo la prehistoria de la humanidad. Una humanidad cuya realización integral depende absolutamente de nosotros.




lunes, 13 de febrero de 2017

Contra la xenofobia y la discriminación

opinión. Agora...a diario 12/02/2017


lunes, 6 de febrero de 2017

domingo, 29 de enero de 2017

Xenofobia y estigmatización, aire de época

opinión. Agora...a diario 29/01/2017



Maximiliano Cladakis

   Existen los aires de época. Se trata de la generalización de ideas, o sistemas de ideas, que se instituyen en amplias capas de la población, siendo aceptadas y asimiladas sin un acto previo de reflexión. El aire de época podría definirse como el sentido común de un momento histórico determinado: “verdades” que no se discuten pero que se sienten y viven. La vivencia de esas “verdades” se osifica en un dogma existencial que no acepta contrargumentaciones.  Frente a una argumentación contraria, la respuesta es la ira, la fuerza, la violencia.

   En nuestro país ha habido un cambio de época. La llegada al Gobierno de la derecha, tras doce años de gobiernos nacional-populares, puede ser pensada como el momento de cristalización de ese cambio. Raúl Zaffaroni habla de un cambio de régimen. Quien escribe coincide plenamente con el jurista, aunque cree que, quizá, sea más adecuado hablar de “cambio de sistema”.  Hablar de “sistema” es hablar de una articulación totalizadora de las distintas manifestaciones de la vida social donde se involucra lo económico con lo político, lo moral con lo cultural.

   Dentro de ese nuevo sistema, la emergencia de la xenofobia y de la estigmatización son elementos que emergen como partes elementales del sentido común dominante. La derecha vuelve a hablar sin tapujos y lo que hasta hace poco más de doce meses algunos sólo se atrevían a susurrar en voz baja, hoy lo gritan sin resquemor. Los inmigrantes de los países limítrofes y los adolescentes pobres del conurbano bonaerense han sido transformados en el principal objeto de odio: el Mal, pues, habita en ellos.

   Ambas figuras operan como chivos expiatorios. Los medios masivos de comunicación y los funcionarios que hoy ocupan el Poder Ejecutivo de la Nación, seguidos por muchos integrantes del Poder Legislativo, las han instaurado como responsables de los males que asolan el país (además, obviamente, del populismo). La imposición del debate acerca de la mal llamada baja de imputabilidad y las discusiones en torno a las políticas migratorias (cabe recordar que, hace unos años, el actual Presidente habló de “inmigración descontrolada), son pruebas patentes de los dicho.

   Lamentablemente, varios sectores que no forman parte del bloque dominante, asimilan como propias dichas ideas convirtiéndose en encarnación de la xenofobia y de un clasismo que no representa a su propia clase. Se distrae la atención, se canalizan las frustraciones individuales, se  habla con una voz impuesta desde fuera, se hace propio lo impropio. Se trata de una lógica perversa en la que el dominado se vuelve siervo del dominador, e, incluso, donde puede convertirse en el verdugo, en el asesino que el poder real desea, y, sino, al menos en su cómplice. Los linchamientos, los asesinatos en nombre de una falsa “legítima defensa”, el beneplácito que reciben estos homicidios deben ser pensados a partir de esta lógica.

   Sin embargo, no se trata de un fenómeno únicamente argentino. En la principal potencia mundial se ha elegido a un multimillonario como Presidente de la Nación para salir de una crisis económica que atraviesa al mundo desde el 2008. Se lo ha elegido por un discurso xenófobo y racista que instituye el Mal en los rostros de mexicanos y demás extranjeros, supuestos causantes de la creciente desocupación estadounidense. Siendo en verdad la clase a la que pertenece el presidente electo la verdadera responsable de una crisis que, muy probablemente, no se resuelva hasta dentro de muchos años. Si es que, alguna vez, lo hace.



jueves, 26 de enero de 2017

Macri y el Agente 86

opinión. Agora...a diario 26/01/2017


lunes, 23 de enero de 2017

Ronda de muñecas

opinión. Agora...a 23/01/2017

Leandro Pena



Ayer fui a ver la presentación de un libro. El lugar era cálido y un tanto oscuro como a mí me gusta. Había también allí música tranquila. Me senté y abrí el índice del libro que finalmente se daría a conocer todos los lectores. Uno de los títulos que marcaba el listado era La ronda. Mientras los autores hacían la sinopsis del texto me acordé de la pequeña ronda que duerme en mi frente desde hace tiempo. Son ideas vestidas de muñecas. Las puedo identificar bien: son mujeres jóvenes, tienen rostros pálidos, cabellos largos y negros y túnicas blancas. Ellas giran cada tanto en punta de pies en mi frente. La ronda es lenta. O para un lado o para el otro. Mi deseo es que se suelten y salgan, sean libres. Vuelen como mariposas y naden como peces. Sin embargo, no logro que desaparezcan cada tanto regresan. Suelen aparecer evocando momentos álgidos.

En la imagen de la tapa del libro hay cinco mamuschkas. Una mamuschka es una muñeca en cuya interior hay otras y suelen ser impares y se encastran unas con otras. Son muñecas que no hacen ronda sino que esconden otras de modo sucesivo hasta que la última, no esconde nada. Sin embargo, estaba colorida y sonriente como las otras. De pequeño me decían que una mujer la tenía que tener en su mesa de luz como pedido de fecundidad En la portada del texto se ve a las mamuschkas separadas y una a media separar con otra adentro que asoma. En el piso, donde están apoyadas, hay como una capa gelatinosa y amarilla. Bien podía ser un caramelo potente y dulce. O una cápsula blanda, gelatinosa y partida de Ibuprofeno seiscientos mg.

Siento que, las muñecas de la ronda, han sido guardadas en el placard de mi mente desde mi niñez. Ellas han sido el producto de los avatares de una casa, donde la violencia y el incordio eran el oxígeno y el polvo que las habitaba. Grises han sido sus colores. Al recordarlas me brotan unas lágrimas que no se animan a salir de mis ojos y siento en mi pecho una extraña liberación.

Van pasando los años y cuando llega la Navidad siempre tengo el recuerdo de un famoso carrousell que en la casa de mi madre repetía una música monótona y unas muñecas aparentemente jóvenes y vestidas de colores rojo, amarillo, azul, verde y negro se movían en forma de ronda al compás de la música tradicional de las fiestas. La Navidad era, en mi niñez, como esas muñecas que siempre sonreían mientras miraban fijo. Había que sacarlas dogmáticamente una vez al año para encenderlas y que pregonaran la alegría de un arbolito verde y colorido de Navidad comprado en un bazar de Barrio Norte cuya estrella gris y lentejuelas espejadas reemplazaban el pico. La estrella, comentaban en mi casa, era muy importante porque era el signo de la esperanza. Todo parecía tan feliz y colorido que hasta podía pensar que nacía de nuevo y que las rupturas más profundas eran tocadas por estas muñecas y los reflejos de las lucecitas navideñas que se encendían y apagaban al sonido del ding dong dang, ding dong dang, vamos a cantar que este día hay que festejar susurraba la melodía instrumental que acompañaba el centelleo multicolor.

¡Feliz Navidad, nació el salvador! Se escuchaba en las reuniones familiares apenas avisaban que eran las doce. Allí las muñecas en ronda repetían la música del carrousell que solí aturdirme cada vez que nos reuníamos en nochebuena. Tan mágico se volvía todo como los fuegos artificiales que de niño me gustaba tirar en la casa de mi abuela. Claro que, pasada la media hora del veinticinco, el cielo se volvía oscuro de repente. Solo podía ver algunas estrellas que aún hoy titilan.

Recuerdo que mi maestra de primer grado se llamaba Graciela. Ella venía con un guardapolvo azul a tono con el color de sus ojos. Sus zapatos negros cerrados lucían siempre impecables. Las uñas estaban pintadas de rojo y sus labios lucían un rouge sobrio pero bien marcado. Era de tez blanca y unos cabellos lleno de rulos formaban un rodete. Las mujeres que daban clase, hacia fines de los setenta, debían tener el cabello recogido.

El timbre de la formación tocaba a la una de la tarde. Graciela siempre con su dedo índice señalaba el lugar donde debíamos formar haciendo fila desde los mas bajos hacia los mas altos. Graciela repetía diariamente: “Alumnos: a dos baldosas de distancia” Nosotros mirábamos el mosaico que era de un rombo rojo con fondo gris en el amplio patio del colegio donde se hacíamos la formación. Luego decía: “Tomen distancia del hombro de su compañero para calcular bien”. Al llegar al aula, Graciela estaba parada afuera del recinto y señalaba con su índice que fila entraba primero. Si algún alumno se apuraba a entrar o salteaba la columna armada, la fila salía y volvía a ingresar.

Al salir del Colegio, a veces, cruzaba de la mano con mi madre la plaza Colón. Íbamos a su trabajo a buscar algunas curaciones que ella debía hacer a los pacientes cuando terminaba su labor. Entrábamos por el pasillo largo del sanatorio y al final había un pequeño dibujo circular de una mujer delgada y de nariz perfecta y cuyo dedo índice formaba una cruz con sus labios finos y delgados. Debajo de su imagen estaba escrito en imprenta negra. “El silencio es salud

Los martes y los viernes viajo al barrio de Núñez a compartir unas horas de clases con los estudiantes del secundario. Salgo temprano porque siete y cuarenta y cinco empezamos. Al bajar del quince en Crisólogo Larralde y Libertador, unas figuras esbeltas con cola de caballo y calzas negras ajustadas se encuentran haciendo cinta en un gimnasio. Las veo porque el vidrio es lo que separa la vereda de los aparatos donde ellas se encuentran.

Este invierno ví una sola mujer. La observo y parece un maniquí que mueve sus piernas en la cinta. Sus movimientos son mecánicos y permanentes. Su mirada rígida a un punto ciego está firme. Su cuerpo estaba erguido y su transpiración brotaba de su tez. Me detuve para mirar lo extraño que era un cuerpo humano impávido sudoroso pero que no pestañaba solo se movía. Me preguntaba en ese momento si realmente ella estaba respirando. Seguí caminando y por un instante la sombra de una de mis muñecas apareció en mi frente.

Ayer comenzó el verano. Es la madrugada del domingo. Faltan unos días para la noche buena. Tengo el presentimiento que esa mujer, sigue allí el balancín del movimiento de la cinta del gimnasio, mientras ve, por los vidrios del club, los autos que pasan por la avenida Libertador a la altura del Barrio de Núñez.

No he podido lidiar definitivamente con esa cuestión. Llevo muchos años preguntándome sobre el origen de las muñecas y resulta tan fácil responderlo como difícil deshacerme de ellas. Solo puedo escribir y convertirlas en palabras.

Durante los años posteriores a mi separación conocí a varias mujeres. Por unas u otras razones el tono de voz, su rostro, su pelo, su olor, su mirada me recordaba algunas de las muñecas de la ronda. Me di cuenta de que me habían enseñado, desde pequeño, que la mujer era como una de esas muñecas y que había que encontrar. Mujer fecunda y prolífera amamantando y limpiándole la baba al niño que termina de mamar la teta transpirada de la acalorada succión. Mujer arbolito de navidad, siempre alegre, brillante y sonriente. Mujer educadora y formadora de hábitos; siempre formal. Mujer esbelta con pechos bien marcados con redondeles curvilíneos, bien alimentada con vegetales sanos y yogurt cero por ciento en grasa para estirar la piel en el “gym” quedando todo perfecto.

Muñecas paradigmas, muñecas que rondan, muñecas que vuelan, muñecas que se van, muñecas que se esfuman. Como los pájaros de un bosque que se termina de quemar.

He vivido tanto tiempo con esas mujeres-muñecas dentro mío que cuando salen me da miedo de que no vuelvan nunca más. Creo que más allá de todo ése, ése es mi deseo.