Ágoraa diario la arena política

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Maximiliano Cladakis-Edgardo Bergna editores. Organo de opinión política de Atenea Buenos Aires. Radio Atenea y Agora Buenos Aires


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lunes 25 de enero de 2010

La Restauración Conservadora y las políticas de Derechos Humanos


opinión. Agora...a 25/01/2010



Edgardo Pablo Bergna
Maximiliano Basilio Cladakis

La nota de Horacio Verbitsky que ayer publicó Página 12, no hace sino confirmar lo que venimos diciendo desde hace tiempo: lo que está en juego en la Argentina no es una mera disputa partidaria ni de diferencias menores o formales. Lo que en verdad está en juego son dos modelos de país diametralmente opuestos. Por un lado, el Proyecto Nacional y Popular encabezado por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Por otro, el modelo conservador-liberal del cual, desde la “centro-derecha a la “centro-izquierda”, son voceros los integrantes de la “variopinta” oposición.

   En la nota mencionada, Verbitsky realiza un informe sobre los lazos que el ex senador, devenido inexplicablemente en presidente, está tendiendo entre las fuerzas armadas, principalmente los sectores más conservadores, y entre los apologetas civiles de la última dictadura. Es sabido que el ex vicepresidente de Menem considera una aberración los juicios a los genocidas  llevados a cabo tanto por el actual gobierno como por el anterior. La frase que lanzó la semana pasada fue tajante: “se está humillando a las Fuerzas Armadas”. A esto hay que sumar, también, el plan de que las Fuerzas Armadas cumplan un rol que les veda la ley. Es decir, operar  en asuntos de “seguridad” interna. Lo que propone Duhalde es declarar el Estado de Emergencia Nacional y, tras realizar un censo de delincuentes juveniles (quien escribe se pregunta cómo se haría esto, qué método se emplearía para censar y discernir entre jóvenes “delincuentes” y jóvenes “no delincuentes”), someter a estos últimos a una conscripción obligatoria.

   Esto señala que la Restauración Conservadora no es un “invento” de Carta Abierta como se dice desde algunos medios. Sin embargo, si, en un primer momento, alguien pudo haber pensado que dicha restauración versaba solamente en un sentido estrictamente económico, se equivoca. No se trata únicamente de un regreso al neoliberalismo noventista. Por el contrario, se trata también de terminar con la “demonización” que “este Gobierno” ha realizado de la última dictadura. No es algo aleatorio que ambos deseos vayan unidos. Las políticas de derechos humanos, al menos en nuestro país, se corresponden necesariamente con las políticas económicas.

   En nuestra historia, las Fuerzas Armadas han sido siempre la fuerza de choque de las corporaciones económicas, tanto nacionales como extranjeras. Cada golpe de Estado, se trate del año ´30, del año ´55, o del año ´76, han tenido como fin asegurar el mantenimiento del modelo económico conveniente a los intereses de la oligarquía vernácula y del capital financiero transnacional. Por lo tanto, si ha habido una política revolucionaria llevada a cabo por los dos últimos gobiernos, esta ha sido la política de derechos humanos. No sólo por ser las más avanzadas del continente, sino también por representar un giro de ciento ochenta grados en lo que hace a la lectura política de la historia argentina.

   Sin lugar a dudas, el juicio a las juntas llevado a cabo durante el alfonsinismo representó un antecedente importante. Si bien sólo se enjuició a las Fuerzas Armadas, el contexto ideológico-cultural responsabilizaba a los actores civiles de la Dictadura (como, por ejemplo, se ve en La República Perdida). Sin embargo, existía cierta ambigüedad al respecto. No hay que olvidar la “teoría de los dos demonios” y la intransigencia con respecto a la insurrección armada, con la consiguiente falta de comprensión de las causas reales de la llamada “violencia política”. En este sentido, el kirchnerismo representó la superación de dichas ambigüedades, profundizando más en las causas económico-sociales que llevaron al genocidio y denunciando, también, a los actores civiles que participaron en este. Prueba de esto último, es que hasta un sacerdote fue juzgado y condenado.

    Esta alianza entre las clases dominantes y las Fuerzas Armadas hace que la profundización de las políticas de derechos humanos conlleve necesariamente al socavamiento del poder hegemónico de las primeras. Pues, al profundizar dichas políticas se desmorona la fantasía de que el genocidio fue obra de un “grupo de desalmados” que asaltó el poder convirtiéndonos en víctimas a todos los civiles. Por el contrario, se revela que los perpetradores físicos de los crímenes de lesa humanidad encontraban en determinados sectores sociales el aval para su tarea de muerte y terror, sectores que, a su vez, se vieron beneficiados por el modelo económico impuesto a través de secuestros, homicidios y torturas.

   En efecto, la  dinámica de las fuerzas en conflicto que constituyen nuestra historia, hacen que, de la misma manera en que un Gobierno de carácter progresista y popular necesariamente deba enfrentarse a los responsables del genocidio, los sectores dominantes y sus representantes políticos deban legitimar de alguna manera a estos últimos. Ceder o enfrentar al poder económico implica ceder o enfrentar a los crímenes realizados por el terrorismo de Estado, y viceversa. No es casual, por tanto,  que Alfonsín haya cedido a los grupos económicos, a  los que supo resistir en los primeros años de su mandato, casi instantáneamente después de establecer las leyes de “punto final y obediencia debida”; como tampoco es casual que Menem, quien gobernó diez años para estos grupos económicos, haya sido quien declarara los indultos a los represores.

   Los crímenes de lesa humanidad no fueron actos contingentes, sino que formaron parte de un plan estratégico para eliminar toda resistencia a un modelo económico que padecimos por décadas. Es por eso que los defensores actuales de dicho modelo necesitan salvaguardar el “honor mancillado” de aquellos que, en su momento, supieron ser útiles. Se trata de una lucha por la memoria histórica, memoria que no se agota en un modo de pensar el pasado, sino que se proyecta ineludiblemente sobre el presente, como así  también sobre el futuro. La Restauración Conservadora intenta legitimar el pasado para continuar legitimando ad eternum los intereses que representa.




lunes 18 de enero de 2010

¿Pagar la deuda o no pagarla?

opinión. Agora...a diario 18/01/2010




Maximiliano Basilio Cladakis

Frente a la pregunta que sirve de título a este artículo, la respuesta espontánea de quien escribe es: “no, no hay que pagar la deuda” ¿Acaso es justo que se destinen, sólo en este año, más de seis mil millones de dólares al pago de una deuda cuya legitimidad es, en parte, dudosa mientras en el país resulta imperiosa la ejecución de planes y obras en beneficio de los más postergados, los cuales, aún cuando se hayan reducido en número, siguen siendo demasiados? ¿No se trata de algo que atenta, incluso, contra la más íntima convicción moral de aquellos que nos sentimos partícipes de una ideología de izquierda? ¡Que la deuda se la metan en el…!”, dan ganas de decir, no sin razón.

Sin embargo, las cosas no son tan simples. Hay veces (casi todas) en las que coyuntura nos impone su propia agenda y aquello que consideramos “justo” se transforma en un mero enunciado principista sin posibilidad de realizarse en la praxis. El debate actual real gira en torno de donde saldrán los fondos con que se pague la parte de la deuda que corresponde al 2010, no en torno a pagarla o no ¿Eso significa que estaremos siempre obligados entre dos polos que consideramos injustos y que siempre terminan beneficiando al capital financiero transnacional? Claro que no. La deuda, en una coyuntura histórica determinada, puede no pagarse. Ecuador es un ejemplo de ello. Hace unos meses, el Gobierno de Correa afirmó que no se pagaría una deuda que es considerada ilegítima. Se trata de una decisión política que acompaña la serie de transformaciones que se encuentra realizando el proceso iniciado en 2007.

Sin embargo, Argentina no es Ecuador. Si bien, tanto el Gobierno de uno como otro país, tienen una estrategia en común y se presentan como alternativas al modelo neoliberal que arrasó a América Latina durante más de una década, se dan coyunturas distintas. Dentro de esas coyunturas se presentan diferentes dilemas, propios de las distintas correlaciones de fuerzas como así también de los sectores sociales que se enfrentan en la lucha política. Con respecto a la deuda, en la Argentina, hay dos posiciones. Por un lado, la del Gobierno, que propone la utilización del excedente de las reservas del Banco Central  como fondo de garantía para el pago. Por otro, la de la oposición político-mediática que plantea financiar la deuda a partir de la reducción del gasto público. La primera posición tiene como fin el desendeudamiento progresivo de la Argentina y generar una mayor apertura de los mercados, sin que el gasto público se vea reducido, sino que, por el contrario, se liberen fondos para la proyeccion de nuevas obras y planes de infraestructura. La segunda, en cambio, es un intento de regresar a las políticas de préstamos de los ´90, con ajuste incluido.

Cuando el “Grupo A” de la “centro-izquierda”, cuyo mayor representante es Pino Solanas, pide el “no pago” enuncia un discurso cuya principal característica es la imposibilidad de realizarse. Antes que nada, porque no cuenta con una fuerza política como para hacerlo. Eso hace que la única realización posible de su proclama sea el pago tal cual quiere realizarlo la derecha neoliberal. Puesto que si Pino Solanas presenta una denuncia judicial sobre la Presidenta de la Nación, junto a De Narváez y Carrio, y aparece su voz unida a la de la oposición neoliberal, es el neoliberalismo el que se realiza. El reclamo, “justo” en principio, de no pagar la deuda se realiza, en la praxis, pagando la deuda a partir de la reducción del gasto público.

La Biblia dice “por sus frutos os conoceréis”. Aún siendo ateos, la frase sirve para pensar la dinámica propia de la política. Pues, en esta, más que las principios pronunciados de manera magnánima, lo que valen son los actos. Y esos actos siempre se realizan en una determinada coyuntura. Lo que se debe pensar es qué es, dadas las posibilidades, lo que resulta más beneficioso para el Pueblo y, de seguro, el regreso a los ´90 no lo es.




sábado 16 de enero de 2010

Marcha Federal en apoyo al Gobierno Nacional frente a la ofensiva destituyente

opinión. Agora...a diario 16/01/2010


  
    En el Teatro Bambalinas (ubicado en Chacabuco al 900, San Telmo), ayer se realizó una asamblea para debatir las medidas a tomar frente al avance de las fuerzas destituyentes. En ella participaron distintas  organizaciones gremiales y sociales, como así también ciudadanos que, aún sin formar parte de una organización en particular, se sienten comprometidos en la defensa de la democracia y de la institucionalidad política. Se habló de la ofensiva de la derecha y de la restauración conservadora que desean sectores tales como la oligarquía, los oligopolios mediáticos, el capital financiero internacional y una oposición que no es otra cosa que la empoderada de los intereses de dichos grupos económicos. El caso de Honduras fue mencionado, de la misma manera que fue mencionada la posibilidad de que su ejemplo se repita en  otros países de América Latina.  A partir de esto, se estableció un estado de alerta y movilización, es decir, estar cautos a los movimientos de las fuerzas destituyente y empezar a organizar al campo popular para, en caso de riesgo institucional, salir a las calles a defender la voluntad popular representada en la figura de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Se consolidó también la idea de una marcha federal en apoyo al Gobierno Nacional, cuya fecha y detalles, serán debatidos el viernes próximo a las 17 horas en el mismo lugar.

La unidad de las fuerzas populares es prioritaria en este momento histórico. La defensa de los intereses de nuestro Pueblo y de nuestra Patria nos compelen a la acción y al compromiso.

lunes 11 de enero de 2010

Democracia vs. liberalismo

opinión. Agora...a diario 10/01/2010




Maximiliano Cladakis

El actual conflicto acerca de la autarquía del Banco Central puede leerse como un conflicto entre democracia y liberalismo. Es sabido que las potencias occidentales han intentado establecer una supuesta relación de necesidad entre ambos conceptos. Durante la Guerra Fría lo opuesto al “totalitarismo comunista” era la “democracia liberal”. Esta última, por lo tanto, era presentada como la única forma verdadera de democracia. La voluntad popular aparecía ineludiblemente ligada al libre comercio. No podía existir la una sin la otra.

Sin embargo, la historia ha demostrado que esta tesis era falsa. Entre liberalismo y democracia, no sólo no existe una relación de necesidad sino que, en determinados casos, existe un antagonismo irreductible. Tanto nuestro país como el resto de América Latina, como así también otros pueblos del Tercer Mundo, han visto avasalladas sus democracias cuando la voluntad popular se presentaba como un obstáculo para el libre comercio. En el caso de la Argentina, por ejemplo, el ´55 y el ´76 son fechas claves que ejemplifican los dicho.

Dijimos que el actual conflicto sobre la autarquía del Banco Central representa esta oposición entre democracia y liberalismo. En efecto, una entidad económica que maneje fondos del Estado pero que sea independiente del poder político significa que hay algo que está por encima de la voluntad popular, es decir, que está por encima de la democracia.

Precisamente, desde la oposición, se dice que el Gobierno Nacional intenta avasallar al sistema republicano y a la democracia. Esta sentencia no es otra cosa que una más de las tantas imbecilidades malintencionadas a las que la elogiada oposición nos tiene acostumbrada. Por un lado, la forma republicana consiste en la división en tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. El Banco Central no es uno de ellos. En todo caso, se podría pensar que judicialización de la política que propone la oposición sí puede leerse como una intrusión del poder judicial sobre el ejecutivo. Por otro lado, con respecto a la democracia, esta es por definición el gobierno de la voluntad popular. En el 2007 la voluntad popular eligió a Cristina Fernández para que conduzca la Nación tanto en el plano político como económico. Eso implica que es ella la que debe decidir las medidas a realizarse y no una entidad estatal independiente del poder político (esto incluso suena a una contradicción).

Es el viejo debate entre la primacía de la política sobre la economía. Si hablamos de democracia, tanto la economía como las instituciones deben estar al servicio de los intereses populares. Por el contrario, con el liberalismo, la economía y las instituciones que aseguren el correcto funcionamiento de los mercados ,asegurando la rentabilidad de empresas transnacionales, se encuentran por encima de la voluntad popular. A este respecto, Ernesto Laclau habla de una oposición entre el institucionalismo liberal y la acción populista. Para el académico argentino, el discurso liberal realiza una defensa de las “instituciones” a través de la cual se opone a la voluntad popular representada por el populismo. El populismo es la esencia de la democracia, la forma viva en la que se manifiesta la voz del Pueblo. Si una institución se contrapone a los intereses populares, el líder populista debe enfrentarse a esa institución. La democracia es soberanía popular y toda institución debe encontrarse sustentada en ella, sino pierde toda legitimidad. Al menos en lo que a legitimidad democrática se refiere.

La relación entre democracia y liberalismo se presenta, en este caso,  como una antinomia irreductible. No es de extrañar, por lo tanto, que más de un ex Ministro de Economía haya aparecido, en estos días, rasgándose las vestiduras en la defensa de la autarquía del Banco Central cuando ellos fueron los responsables del hundimiento económico de nuestro pueblo. Sin embargo, no hay una contradicción en ello, sino dos lógicas  distintas a partir de las cuales se hace política.

miércoles 6 de enero de 2010

Lamentable

opinión. Agora...a diario 06/01/2010





Maximiliano Basilio  Cladakis

   La escena que brindó Alfonsín Jr. en el programa de cable de Mauro Viale frente a Estela de Carlotto fue realmente lamentable. La presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo se encontraba hablando sobre el caso de los hijos de Ernestina Noble y de las irregularidades de procedimiento ordenadas por el juez Bergesio. En un momento, el hijo del ex presidente la interrumpió y le dijo que la guerrilla también había matado gente y puso como ejemplo la muerte de Rucci. Carlotto se quedó mirándolo bastante asombrada. Luego le dijo que sería terrible que una persona con esas ideas llegase a ser presidente. No era para menos. Se estaba hablando de un caso puntual sobre apropiación de bebes, donde ni siquiera se estaba haciendo una justificación de la lucha armada, y Alfonsín salió como de la nada para reivindicar la nefasta teoría de los dos demonios. Además, el ejemplo que puso, el de Rucci, no se trata sino de una acusación (y fuerte, muy fuerte) sobre un hecho no comprobado.

   A las declaraciones de Posse y de Guelar, se suman entonces las del hijo del llamado “padre de la democracia”. No nos olvidemos tampoco del “los hijos de Noble son también nuestros hijos” de Carrio. Parece que toda la oposición, tanto la conservadora de tintes fascistas como la demócrata liberal, tienen una fijación en atacar las políticas de derechos humanos llevadas acabo por el Gobierno Nacional. Lo que no es otra cosa que defender, de una forma más directa unos, más indirectas otros, a los responsables del genocidio perpetrado durante la última dictadura.





martes 5 de enero de 2010

Pino Solanas: de la Hora de los Hornos al progresismo blanco









Martes 5 de diciembre de 2010



Maximiliano Basilio Cladakis


    Lo de Pino Solanas no es un caso extraño. De por sí, existe un refrán de sobra conocido: “incendiario de joven, bombero de grande” (otra forma algo más directa que adopta el adagio es “comunista de joven, burgués de grande”). Sin lugar a dudas, Pino fue un referente fundamental para todos aquellos que nos sentimos parte de los movimientos nacionales y populares. Por un lado, su cine militante que marcó a fuego a más de una generación, por otro, su compromiso con las causas del Pueblo que lo llevaron a sufrir un atentado durante el menemato. Pino fue un icono, un ejemplo de lucha. De eso, repetimos, no caben dudas.


   Sin embargo, lo que Pino fue, ya no lo es. En el 2007 volvió a postularse después de largo tiempo para una elección presidencial. No le fue mal, quedó algo así como en el quinto puesto prácticamente sin publicidad. Algunos, incluso quienes no lo votamos, nos alegramos de ello. Un referente del campo nacional y popular había vuelto a la arena política, y había obtenido, teniendo en cuenta las condiciones, resultados positivos (salió por encima de Sobich que llevaba tiempo trabajando en su candidatura y contaba con muchos más medios que Proyecto Sur). Sin embargo, ya entrado el 2008, Pino comenzó a sorprendernos. Aquel que valientemente hubo desafiado a la oligarquía en “La hora de los hornos”, se había colocado al lado de la Sociedad Rural durante el conflicto generado por la 125. Intentó defender la posición de su espacio político hablando de “arreglos” entre el Gobierno y empresas multinacionales, también dijo que el conflicto se trataba sólo de una pantalla de humo, de una lucha de intereses entre dos “mafias” (aquí uno le podría haber dicho que, en el caso de que esto sea así, él eligió estar con una de esas “mafias” ya que apoyó el pedido del “Campo”).  Pino ya había comenzado a mostrar que la hora de los hornos  había pasado.


   Sin embargo, la cosa no terminó allí. Después de aquel acto fundamental*, Pino continúo alineándose con la oposición de derecha para atacar por “izquierda” al Gobierno Nacional. No fue el caso de Sabatella, ni siquiera del SI, lo cuales, aún teniendo distintas posiciones con respecto al Gobierno, intentaron no ser funcionales a la restauración conservadora. Pino, no. Incluso, su espacio ha llegado a decir que eso de “ser funcional a la derecha” es un invento del kirchnerismo (habría que preguntarles que piensan de la posición del PC entre 1945 y 1955).


    Ya en el 2009, año de elecciones legislativas, el cambio de Pino se hizo mucho más explícito. No hubo programa de televisión que no lo tuviera como invitado de lujo. No sólo TN, sino incluso el mismo Mariano Grondona lo tenía sentado a su lado domingo de por medio. El conductor de “Hora Clave” lo escuchaba con atención y asentía a las proclamas anti-kirchneristas del líder de Proyecto Sur. Porque Pino sólo hacía y hace eso, hablar mal del Gobierno. Fue memorable el debate realizado en TN entre los candidatos a legisladores para la Ciudad de Buenos Aires. Junto a Pino se encontraba Gabriela Michetti, Pratt Gay y Carlos Heller. El cineasta devenido en diputado estuvo la casi toda la hora que duró el programa atacando, junto a los candidatos del PRO y de la CC, al representante del oficialismo. Incluso, entre los tres opositores había sonrisas complices, como si manejaran un lenguaje común, una idiosincracia compartida de la que Heller estaba excluido. A esto habría que agregarle, la infinidad de entrevistas publicadas en La Nación, como así también notas que, de su propia mano, escribiría para el diario de los Mitre.


   Todo esto le valió un segundo puesto en las legislativas porteñas. Pino se volvió la niña mimada de los medios y del establishment. Pasó de representar el espíritu combativo del peronismo revolucionario a ser un “progresismo” aceptable, que habla de  “mafias” y de “corrupción”, que responsabiliza de todos los males que azotan a la patria a una “clase política envilecida”. Incluso, su “caballito de batalla”, es decir, la nacionalización de los recursos naturales, es algo poco peligroso. Por un lado, porque no hace sino inflamar el espíritu “nacionalista” de gran parte de la población a la que le indigna que el “oro” lo explote una multinacional pero que no le preocupa que, hasta hace unos meses, los peones de campo no posean un estatuto de trabajo (situación que cambió el Gobierno Nacional). Por otro lado, porque lo que pide Pino es imposible de hacer sin una reforma constitucional ya que, en la Constitución de 1994 (de la que él formó parte), se establece que los recursos minerales son de las provincias y no de la Nación. Eso Pino no lo dice. Claro, los espacios que le son cedidos para hablar justifican el golpe de Honduras a partir del intento de reforma constitucional. “Donde se come no se c…” podría decir alguno. Sin embargo, todo esto no significa que el reclamo por los recursos naturales no sea justo. Si bien el reclamo es legítimo, es utilizado para ocultar los conflictos principales que desangran a nuestro país. Habría que recordarle a Pino que Argentina no es Bolivia y que la principal fuente de riquezas no proviene de la explotación mineral sino de la renta agraria. Por algo, la Pampa Humeda es tan importante en nuestra economía.


    Ahora se habla de una posible alianza electoral para el 2011 conformada por Proyecto Sur, el Partido Socialista y el espacio de Luís Juez. Pino afirmó que se trata de algo que le interesa. Esto no hace sino afirmar lo que venimos diciendo. Binner es quien pedía la desaparición de las retenciones y quien le dio la razón a Valenzuela cuando habló sobre la seguridad jurídica. Binner es, también, una niña mimada del progresismo, elogiada por establishment. Su alianza con la Sociedad Rural, con la Coalición Cívica y la UCR, con Cobos inclusive, lo convierten una elección muy atractiva para las corporaciones. Con respecto a Juez, quien escribe, recién ahora se acaba de enterar que es de centro-izquierda, como sostiene Pino.


   El “progresismo blanco”  tiene una larga trayectoria en nuestro país. Históricamente siempre ha jugado a favor de los sectores conservadores y se ha unido a ellos para atacar por “izquierda” a los movimientos populares. En diciembre del año que pasó, Proyecto Sur no tuvo ningún empacho en formar un único bloque con los apologetas de la dictadura de los ´70 y del neoliberalismo de los ´90 para repartirse las comisiones de la cámara baja. Así también, el gesto de Pino bajándole el pulgar a la militancia kirchnerista dice mucho. No se trataba del PJ, sino de militancia popular, mucha de la cual siempre lo respetó y admiró. Le bajó el pulgar a la militancia popular, dijimos, al mismo tiempo que se lo levantaba aquellos que, a través de tantas películas, supo oponerse años atrás.














   



* Quien escribe tiene la firme convicción de que el conflicto con las patronales agrarias representó una bisagra para la política argentina, tanto a nivel económico como cultural, ya que se trató de un triunfo, no sólo material sino también simbólico, de los sectores oligárquicos-liberales a partir del cual las fuerzas conservadoras han realizado una avanzada en la escena nacional impensable unos años atrás. Los que votaron en contra de la 125 son responsables de ello, aunque se asuman como progresistas o de centro-izquierda.


miércoles 23 de diciembre de 2009

Una derrota para la derecha

opinión. Agora...a diario dia/mes/año




Maximiliano Basilio Cladakis

    La renuncia de Abel Posse como Ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires implicó una derrota simbólica para aquel bloque histórico que Carta Abierta bien denomina “Restauración Conservadora”. Hace unos meses fue el “Fino”, ahora le tocó a este  “intelectual” y “escritor”.   A través de movilizaciones, protestas y recitales de rock se logró la renuncia del funcionario a tan sólo doce días de asumir. No es una cuestión menor. Claro, Esteban Bullrich es su sucesor, entre lo que hará este y lo que hubiera hecho Posse, las políticas educativas no hubieran sido muy diferentes. El modelo que propone el macrismo es un modelo de privatización, exclusión y represión, tanto Posse como su sucesor operan bajo la misma égida. Sin embargo, la elección de Posse realizada por Macri puede leerse como un intento de avanzada de la derecha para restituir en la conciencia colectiva el rol de los represores como “guardianes del orden y de la Nación”. Frente a la idea de que dicha elección fue un “error” que mostraría la ineptitud política del ex-presidente de Boca,  está la idea (que es compartida por quien escribe) de  que se trató, más bien, de un “tubo de ensayo”. Es decir, es sabido que, en los últimos tiempos, las fuerzas conservadoras fueron ganando terreno en la arena política argentina; por lo que las elecciones de funcionarios “polémicos” realizadas por el Jefe de Gobierno porteño bien podrían servir como prueba, como testeo, para saber hasta que punto es factible la imposición de su modelo, el cual, tras las transformaciones culturales-simbólicas del kirchnerismo (las cuales se reflejan necesariamente en políticas sociales, laborales, económicas, etc.), necesita recurrir a la reinvidicación de la última dictadura.

   En este sentido, la renuncia de Posse implicó una derrota para la derecha. Si bien no se trató un retroceso en su posición, sí se logró evitar que avanzara. Esto representa, sin lugar a dudas, un triunfo de las fuerzas progresistas y populares.



jueves 17 de diciembre de 2009

El Imperio se muestra tal cual es

opinión. Agora...a diario 16/12/2009



Maximiliano Basilio Cladakis

Si en algún momento se pensó que la presidencia de Obama podía implicar una transformación en lo que concierne a la manera de operar del Imperio, los últimos acontecimientos han demostrado que no se trató más que de una esperanza vana. El “cowboy” de ceño fruncido y de pocas palabras cedió su lugar al afroamericano de sonrisa y gestos liberales. Eso fue todo. Si bien durante la campaña, como así también durante los primeros días de gobierno, hubo palabras, estas no devinieron en actos políticos reales. Precisamente, unas semanas atrás, Michael Moore publicó una carta abierta dirigida a Obama. El director de Fahrenheit 911 y de Bowling for Columbine se había mostrado muy entusiasta con el triunfo del actual presidente de los Estados Unidos; sin embargo frente al posible anuncio de enviar refuerzos a Afganistán, le escribió pidiéndole que no se convierta en un “Presidente de Guerra” y que no defraude al pueblo que lo votó. De más está decir que el pedido de Moore no sirvió de mucho.

El miércoles pasado, en efecto, Obama envió treinta mil hombres a Afganistán. Al día siguiente, cuando recibió el Premio Nóbel de la Paz dio un discurso en el cual el eje giró en torno a la defensa de dicha acción. Se trató de un discurso explícitamente belicista, sin matices. Por un lado, defendió la teoría de la “guerra justa”. Por otro, revalidó el rol que Estados Unidos ha tenido durante seis décadas como policía global en resguardo de la “democracia” y de los principios liberales. Sus palabras fueron el sinceramiento de lo que se venía anunciando. Si durante la campaña y primeros días de gobierno, Obama pareció mostrar cierta ambigüedad en sus posiciones, dicha ambigüedad comenzó a esfumarse mediante cuestiones tales como la continuación del bloqueo a Cuba y el giro tomado en relación al golpe de Honduras. Los treinta mil hombres y el discurso en la entrega del Nóbel fue el blanqueo total. Obama se paró frente a la Fundación Nóbel como lo que es: el Presidente de la mayor potencia militar del planeta. Y dejó bien en claro que los intereses de su país (claro que habló de estos mediante eufemismos tales como “democracia”, “lucha anti-terrorista”, etc.) están por encima de todo, incluso de la sonrisa encantadora y del color de piel.

Por otra parte, haciéndose eco del mensaje dado por su presidente, el viernes pasado la Secretaria de Estado Hillary continuó la línea de imposición imperial. Esta vez, las palabras fueron dirigidas a América Latina. La esposa del ex-presidente les advirtió a los gobernantes de algunos países de la región (principalmente Venezuela y Bolivia) sobre las consecuencias que podría haber si no cambiaban sus relaciones con Irán. No se trató de otra cosa más que de una amenaza. Que un alto funcionario estadounidense hablé de “consecuencias” que podría acarrear el no cambiar de actitud, jamás significó otra cosa. Además, sostuvo que hay gobernantes que son electos por medios democráticos, incluso con el apoyo de enormes mayorías, pero que una vez en el poder comienzan a socavar las instituciones. Dio a entender que eso es algo que Estados Unidos no iba a permitir. No es casual que haya dicho esto cuando, unos días atrás, Evo Morales había triunfado en Bolivia con una mayoría aplastante del sesenta y tres por ciento de los votos. Frente al innegable apoyó popular, revalidado por los medios democráticos tradicionales, se necesitaba una excusa nueva para oponerse a los gobiernos que no siguiesen las directivas emanadas de Washington. Ahí aparece, entonces, el “respeto a las instituciones” (vale aclarar que este concepto es mucho más ambiguo que el de elecciones democráticas y que, por tanto, puede ser manipulado con total libertad según las conveniencias). A partir de este concepto, habrá “democracias buenas” y “democracias malas” y las únicas que merecerán el respeto de los Estados Unidos serán las primeras.

El Imperio, pues, ha comenzado a desplegarse. Esto supone el riesgo para todos los países no alineados bajo su égida. Atilio Borón sostiene que, en Estados Unidos, hay un poder temporal, que es el del presidente, y un poder real, que es el de la corporación militar-industrial. En tanto “real”, es este último el que siempre termina por imponerse. En este sentido, el caso de Obama nos demuestra que dicha tesis no es para nada desacertada.


domingo 13 de diciembre de 2009

Posse... eso es ser pro

opinión. Agora...a diario 13/12/09
Edgardo Pablo Bergna



El jueves 10 de diciembre fue reemplazado el Ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires, el lugar de Mariano Narodowski, ministro saliente, es ocupado por Abel Posse. Conspicuo integrante del Grupo Aurora, junto a Marcos Aguinis y Horacio Sanguinetti (ex director del teatro Colón del gobierno “pro” y funcionario de la dictadura).  Atesora, Abel Posse, los pergaminos y el perfil preferido de la “gestión pro”.

Si bien el cargo, dejado por Mariano Narodowski,  estuvo a disposición, entre otros, del rabino Bergman (¿) y Santiago de Estrada (subsecretario de Seguridad Social en el período 1967-1970 (dictadura de Onganía) y 1976-1983 (dictadura de Videla/Nicolaides) al final, el ministerio, quedo en manos de nuestro “ilustre”.

Escritor, diplomático de carrera, el flamante titular de la cartera de Educación de la Ciudad “pro”, antes de asumir, presentó sus credenciales para su evaluación. El diario “La Nación”, órgano de difusión del sector político al que pertenece, publicó bajo el título Criminalidad y cobardía su artículo. Toda una declaración de principios.

Al momento de escribir estas líneas, algo desconcertados, nos preguntamos si el Sr Posse habrá escuchado bien que el cargo que debe asumir es del área de educación, en tanto que, su discurso en el artículo antes citado (publicado el mismo día de su asunción) hace pura referencia a la inseguridad y a la criminalidad. Uno, ya recompuesto del instante de desconcierto, y vuelto al análisis crítico e histórico, entiende que para el nuevo ministro hay una relación directa entre juventud y criminalidad. Educar es reprimir: “Muchos argentinos sobre todo, jóvenes que no vivieron los hechos (se refiere a los años de dictadura para los cuales fue funcionario) recibieron una versión torcida. Por ese camino empiezan a creer que el orden es umbral de fascismo y la anarquía… No imaginan que democracia implica un riguroso orden. Sin orden como primer valor, la democracia naufraga inexorablemente”. Dice nuestro ministro, entre otras estupideces, en el artículo mencionado.

Abel Parentini Posse actual ministro de Educación del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ya tiene sus primeros seguidores: Luciano Benjamín Menéndez, condenado por tercera vez por delitos de lesa humanidad lo citó en su propia defensa. La sentencia, en un juicio emblemático para los DDHH, se producía el mismo día en que era ungido como ministro de Educación quien hiciera apología de la dictadura: “Bien lo dijo Abel Posse: ningún país repudió a su ejército por lo que le exigieron sus gobiernos”. Dijo Menéndez, responsable  de todos los campos de concentración que funcionaron en las provincias que abarcaba el III Cuerpo de Ejército.

El nombramiento de Posse (entre otros muchos) es una señal más que el gerente de la Ciudad envía a los perjudicados por la política de Derechos Humanos que el actual gobierno Nacional y el anterior lleva adelante; y, es frente a esas medidas, que conllevan otras en el plano social, la fuerte oposición desplegada por los sectores concentrados de poder. “Los Kirchner (…) Se deslizaron con indiferencia y prohijaron el vandalismo piquetero, el desborde lumpen, la indisciplina juvenil. Entregaron la calle” Nos alerta Posse en su texto.

El Jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri y desde ahora, pues es tiempo de juntar las piezas, quien lo apoye, es responsable ya no de un retorno al neoliberalismo de los ¨90 sino del retorno a la “doctrina de La seguridad Nacional” desplegada por la última dictadura para lograr por la fuerza la “seguridad interior” funcional al imperio.

jueves 10 de diciembre de 2009

De Videla a Lobo

opinión. Agora...a diario



Edgardo Bergna

Maximiliano Cladakis



El golpe de Honduras y su posterior intento de legitimación por medio de elecciones formalmente “democráticas” debe alertarnos sobre la nueva metodología empleada por el bloque histórico dominante para imponer sus intereses en América Latina. Hubo un antecedente (por suerte frustrado a los dos días): el que se perpetró contra el gobierno de Chávez en el 2002. En esa ocasión, al igual que en la acontecida en junio de este año, se trató de un golpe cívico-mediático, donde, si bien se contó con el apoyo de ciertos sectores del ejército, no se trato del clásico golpe militar.



La metodología golpista tradicional implicaba la insurrección de las fuerzas armadas contra el poder civil. Un general se sentaba en el sillón presidencial, se cerraba el Congreso, los comunicados se asemejaban a partes de guerra. Por lo general, la excusa era imponer orden por sobre el caos que regía a la sociedad civil y “defender” a la Patria de la infiltración marxista. La nueva metodología, que logró finalmente consolidarse en Honduras, implica un giro con respecto a esta forma de operar. El que se sienta en el sillón presidencial es un civil, no sólo el Congreso sigue funcionando sino que el golpe se intenta autojustificar por una supuesta defensa del Congreso y del consenso. El discurso ya no versa sobre el caos ni la amenaza marxista, sino sobre el autoritarismo y populismo del líder depuesto, como así también sobre los supuestos atropellos de este frente la forma de gobierno republicana.



Si bien la metodología anterior era en apariencia más violenta, precisamente en esto radica la ventaja estratégica de los nuevos golpes cívico-mediáticos. Cuando, a partir de un golpe de Estado, un representante de las fuerzas armadas se convertía en gobernante, su gobierno no tenía más legitimidad que la fuerza de las armas. Por el contrario, si bien, en el caso de Honduras, el gobierno de Micheletti tampoco encontraba muchas más razones para intentar legitimarse, sí las encuentra Lobo, su sucesor. Aún cuando haya habido una abstención de un setenta por ciento, se “respetaron” las formas “democráticas” y “constitucionales” para el ascenso al poder.



El bloque dominante, por tanto, ha logrado consolidar una estrategia sutil y compleja por la cual resguardar sus intereses ante cualquier intento de transformación socio-económica. Si un gobierno realiza políticas que reduzcan su poder hegemónico, se lo depone y se llama a elecciones lo más rápidamente posible. La dinámica de los hechos hace que quien salga electo no sea sino un empoderado de los intereses de los sectores dominantes. Por un lado, se realiza una proscripción del líder popular depuesto (e incluso el encarcelamiento de este), por otro, los sectores populares se niegan a participar, con razón, de la elección ya que ello implicaría la legitimación del golpe. La estrategia es perfecta: se realiza el golpe para luego hablar de “crisis política” y plantear que el único camino por el cual puede encontrarse una solución son las elecciones. Estas elecciones, por su parte, no hacen otra cosa que darle un marco de legalidad al atropello llevado a cabo contra la voluntad popular. Además, una insurrección frente al gobierno electo, sería condenada como un ataque a la institucionalidad y a la democracia.



Se trata de un círculo del que es casi imposible salir. Si, por vías electorales, quien asume la presidencia no se corresponde con los intereses de los sectores dominantes, este es depuesto para luego llamar a otras elecciones, hasta que finalmente, triunfe quien sea un leal representante de dichos intereses. Si estos son los términos que pueden comenzar a primar en la vida política de América Latina, la democracia se volvería poco más que una farsa, un juego perverso en el que las corporaciones económicas siempre ganan mientras que el Pueblo tiene pautada la derrota de antemano.