Ágoraa diario la arena política

realidad en blanco y negro...

Maximiliano Cladakis-Edgardo Bergna editores. Organo de opinión política de Atenea Buenos Aires. Radio Atenea y Agora Buenos Aires

Escriben: Leandro Pena Voogt-

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viernes, 23 de octubre de 2009

Hanglin, el imbécil

 Maximiliano Basilio Cladakis


   El martes 20 de octubre pasado, Rolando Hanglin escribió, para La Nación, una especie de seudo cuento titulado El oligarca. En un estilo que intenta ser mordaz, el columnista del diario fundado por Mitre, narraba las aventuras que debía atravesar el protagonista en un día de trabajo. El señor Fernández (así se llamaba el protagonista del seudo cuento) era un visitador médico que, tras veinte años de trabajo, había logrado  cumplir algunos de sus pequeños sueños: casa propia, una mujer, hijos y su posesión más preciada, un corsa de segunda mano. Su vida era una vida medianamente feliz, sin embargo, cuando salía de su casa para llevar a cabo el trabajo del que dependía su mediana felicidad, se enfrentaba a una serie de inconvenientes. Bomberos que  aprovechaban un semáforo en rojo para pedirle plata, cortes de ruta realizados por gente sin hogar, veteranos de Malvinas que paraban a los conductores para pedir una ayuda económica, chicos de la calle que le lavaban el parabrisa contra su voluntad y que luego de hacerlo le obligaban a que le pagasen por el servicio, etc.  Hanglin describe las vicisitudes del señor Fernández en un tono que intenta ser heroico. Su protagonista, pues,  es un luchador cuya causa radica en otorgarle un mediano buen pasar a su familia y darse pequeños gustos (el mayor de ellos es el auto recién mencionado). Sin embargo, en su camino se tropieza con eventos que le son ajenos. Allí afuera hay una jungla y esa jungla es algo totalmente ajeno a él. El señor Fernández es un pequeño profesional de clase media, que, cuando está en la calle, es constantemente amenazado por una caterva de vividores y de ladrones. Él no tiene nada que ver con ellos, y su lucha diaria tampoco. En las últimas líneas del texto, unos manifestantes envidiosos, al ver su automóvil, lo acusan de ser un “oligarca”. Lo que para algunos podría resultar un insulto (para los manifestantes efectivamente lo es); no es tal para el protagonista.  Al volver a su casa, luego de tantos disgustos y esfuerzos, el señor Fernández se encuentra regocijado por el hecho de que lo hayan llamado de esa manera. Hanglin culmina su texto, señalando que ese es el sueño de todos los argentinos, es decir, ser un oligarca “que posee infinitas hectáreas en la Pampa húmeda y que se embarca para pasar medio año en Paris”. Si bien el señor Fernández no es un Anchorena, él ha logrado algunas cosas. Hanglin saluda estos pequeños triunfos, el ser, aunque sea en escala miniatura, un pequeño oligarca.

  Si bien, de este seudo cuento podrían decirse varias cosas  (tal vez las más destacables puedan ser lo mal escrito que está y la conjunción de racismo y de clasismo que destila en cada línea), lo que es interesante señalar es el paralelismo de este escrito con otro. Se trata de una canción: El imbecil de León Gieco.

      En esta canción (que pertenece al disco Orozco), León Gieco bien podría estar hablando del señor Fernández. Un hombre de clase media que se ve acosado por el miedo que le inspiran las clases abandonadas, clases que, en su imaginación, son un peligro constante para sus pequeños logros. Aquí también el auto, al igual que en el caso del señor Fernández, ocupa un lugar central: “cerrás las puertas de tu auto falo, cuando los chicos te piden un mango”. El correlato con el texto de Hanglin es notorio, los pobres y los negros, son vividos como una amenaza constante, el auto es la encarnación de su lucha. Por otro lado, el protagonista anónimo de la canción les enseña a sus hijos: “soy su padre y les voy a explicar que piden para no trabajar”. También para Hanglin los que piden lo hacen porque son vagos, porque intentan vivir del trabajo de los otros, de aquellos que, por medio de su”esfuerzo”, lograron ser “alguien en la vida” como el señor Fernández. Uno y otro personajes, son prácticamente, el mismo.

   Sin embargo, lo que para el columnista de La nación es un héroe que merece todo elogio, para León Gieco, se trata de un imbecil ¿Por qué llamarlo “imbecil” y no otorgarle otro calificativo más fuerte? ¿Acaso ese individuo cantado por León, ese señor Fernández escrito por Hanglin, no es un racista, un fascista? Sí, lo es. Sin embargo, a diferencia del oligarca (a quien podríamos llamar, directamente, “hijo de puta”), no es dueño de nada, por el contrario, puede perder aquello de lo que tanto se jacta en cualquier momento. “Que nunca te echen, rogale a tu Dios, porque en el culo te pondrás ese auto”. El señor Fernández es, simplemente, un imbecil que intenta identificarse con los que están por encima de él, cuando, en verdad, su suerte está más cerca de aquellos a los que teme y desprecia. Su racismo, su clasismo y su fascismo no son otra cosa que una imbecilidad útil. Por más que le pese, eso que se encuentra “afuera” es también su responsabilidad y, en cualquier momento, puede convertirse en uno de  los que considera como “subhumanos”.

   El héroe hangliniano es, por tanto, un imbécil. Más allá de las diferencias entre el personaje y su autor, (es de imaginar que Hanglin no tiene un corsa de segunda mano)  esta categorización, sin lugar a dudas, puede aplicarse a ambos.


2 comentarios:

Martín (Latino) dijo...

Excelente descripción.
Hanglin es un tipo predecible, propio de Radio 10. Lo bueno de Radio 10 es que ha concentrado a toda o casi toda la gente que piensa "si me tocás el auto te mato, negro de m... no, pero por dentro eh, no de piel".
Hanglin es un admirador de la cultura foránea y continuamente está criticando todo lo que sea nuestro. Salvo lo que le podamos vender al mundo, como el tango enlatado, por ejemplo. Macrismo duro y parejo.

Salutes.

Atenea Buenos Aires dijo...

Martín,antes que nada, gracias por el comentario. Concuerdo plenamente con tu juicio sobre Hanglin. Es un claro representante del liberalismo conservador argentino. Liberal, porque le preocupa tener la libertar de ir desnudo por donde quiera; se trata de la libertad del rico para hacer lo que quiera. Conservador por todo lo demás.Desde su clasismo hasta su racismo. Así también, concuerdo con lo que decís acerca de su admiración a lo foraneo (en tanto esto provenga de Estados Unidos o de Europa Occidental) y su desprecio a todo lo nuestro. Se trata de sicarios mediáticos al servicio de los poderes dominantes en nuestro país (la oligarquía y los grupos economicos extranjeros; como tantos que están en Radio 10 y demás medios "importantes".

Saludos.

Maximiliano Basilio Cladakis