Ágoraa diario la arena política

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Maximiliano Cladakis-Edgardo Bergna editores. Organo de opinión política de Atenea Buenos Aires. Radio Atenea y Agora Buenos Aires

Escriben: Leandro Pena Voogt-

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sábado, 22 de mayo de 2010

Hacia el Bicentenario

opinión. Agora...a diario 22/ 05/2010




Maximiliano Basilio Cladakis

     Nuestra Patria cumple doscientos años y, afortunadamente, este segundo centenario nos encuentra sobre un horizonte diametralmente opuesto al primero. El Bicentenario, pues, coincide con un momento histórico de rupturas y de proyección de nuevas posibilidades. Los festejos por nuestros dos siglos se articulan con la irrupción de un conglomerado de planteos y de políticas que redefinen nuestra identidad nacional. Esa redefinición implica, por su parte, una resignificación de aquel acontecimiento que fuera el acto inaugural de nuestra historia. Hablamos de rupturas y de nuevas posibilidades, pero no de “olvido”. Por el contrario, este momento de rupturas tiene como suelo nuestra historia pasada, en la cual la Gesta de Mayo se reconfigura como fuente originaria sobre la que proyectamos nuestro presente y nuestro futuro.

    El pasado no es, en forma alguna, algo acabado, muerto, que solo habita en los libros de historia. Por el contrario, el pasado se reactualiza en el presente, y a partir de él proyectamos nuestro futuro; el pasado es dador de sentido del presente al mismo tiempo que el presente arroja sobre él sentidos nuevos, tal vez impensables con anterioridad. Si en el Primer Centenario, Mayo era una pieza de museo ubicada en la lejanía de un tiempo mítico, se debía a que esa Argentina no era sino la Argentina oligárquica y conservadora que había instaurado a sangre y fuego el modelo semicolonial.  En efecto, cuando los sectores dominantes establecen su hegemonía por sobre la totalidad social, se apropian de la historia transformándola en un monumento. Ese monumento adquiere la imperturbabilidad de lo sagrado, de aquello que, muerto y sepultado, sólo nos limitamos a reverenciar.

   Al sacralizar el pasado, el bloque histórico dominante solidifica la historia, la transforma en una masa inerte que legitima su dominación actual. Los símbolos patrios pierden su contenido y palabras tales como “libertad”, “igualdad” y “soberanía” se convierten en frías lápidas que no designan ningún valor vivo. Hoy mismo, cuando se habla de “Unidad Nacional” para consolidar la impunidad y seguir perpetuando la injusticia, cuando se critica al Gobierno Nacional por ideologizar la sociedad, cuando, desde esos mismos sectores, se habla de que “los argentinos no deben estar enfrentados”, resuena el eco de aquella frase nefasta e ignominiosa de nuestra historia: “yo, argentino”. Lo “argentino” se comprende aquí desde la esfera de la “desideologización” y de la anulación del conflicto como motor de la vida nacional. Sin embargo, esa cosificación de la “argentinidad” no era más que la subsunción a los valores del amo, la complicidad pasiva con las fuerzas terroristas que, desde el Estado,  se abalanzaban sobre el Pueblo.

   El nuevo Centenario, en cambio, se nos presenta como una instancia de quiebre con respecto a aquella solidificación histórica. La entrada en escena de las voces acalladas por décadas y de los sujetos históricos ocultos y desterrados por la historia oficial abre una nueva dimensión que, como diría Sartre, extiende el campo de lo posible. La historia se cuenta desde otro lado, lo que conlleva necesariamente a que se haga desde otro lado. La derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, el reconocimiento oficial a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, el reciente recibimiento de los Pueblos Originarios por parte de la Presidenta,  el cuestionamiento y la discusión sobre la manera en que los oligopolios mediáticos han servido como elemento de dominación ideológica a lo largo de los años, los lazos con los demás pueblos de América Latina y la reasunción de la Segunda y Definitiva Independencia como tarea planteada por el Gobierno Nacional, son señales unívocas sobre la emergencia de los nuevos tiempos; nuevos tiempos que, por su parte, ponen en jaque la cristalización de la historia comprendida a modo de relato acabado.

Desde este nuevo marco histórico y político, las banderas levantadas por Moreno, Belgrano, Monteagudo, retomadas luego por San Martín, expandidas en otras regiones del Continente por Bolívar, vuelven a ser enarboladas extendiéndose sobre el tiempo llenas de vitalidad. El sueño de una Patria libre, justa y soberana  enmarcada en America Latina también libre, justa y soberana, se reconstituye desde el pasado, hacia el presente volcándose hacia un futuro abierto y colmado de expectativas. La Historia de la Patria se desenvuelve como una tarea nuestra en donde la asunción creativa e innovadora de aquellas banderas se transforma en condición esencial y necesaria.



2 comentarios:

Chiman dijo...

Totalmente de acuerdo, compañero. Sobre todo en aquello que dice que lo argentino se comprende desde la desideologización. Muy bueno el blog.

damianivanoff dijo...

Maximiliano, Le dejo un abrazo en esta semana de Mayo, la más importante de las que vivimos hasta ahora.

Damian.