Ágoraa diario la arena política

realidad en blanco y negro...

Maximiliano Cladakis-Edgardo Bergna editores. Organo de opinión política de Atenea Buenos Aires. Radio Atenea y Agora Buenos Aires

Escriben: Leandro Pena Voogt-

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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Una derrota para la derecha

opinión. Agora...a diario dia/mes/año




Maximiliano Basilio Cladakis

    La renuncia de Abel Posse como Ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires implicó una derrota simbólica para aquel bloque histórico que Carta Abierta bien denomina “Restauración Conservadora”. Hace unos meses fue el “Fino”, ahora le tocó a este  “intelectual” y “escritor”.   A través de movilizaciones, protestas y recitales de rock se logró la renuncia del funcionario a tan sólo doce días de asumir. No es una cuestión menor. Claro, Esteban Bullrich es su sucesor, entre lo que hará este y lo que hubiera hecho Posse, las políticas educativas no hubieran sido muy diferentes. El modelo que propone el macrismo es un modelo de privatización, exclusión y represión, tanto Posse como su sucesor operan bajo la misma égida. Sin embargo, la elección de Posse realizada por Macri puede leerse como un intento de avanzada de la derecha para restituir en la conciencia colectiva el rol de los represores como “guardianes del orden y de la Nación”. Frente a la idea de que dicha elección fue un “error” que mostraría la ineptitud política del ex-presidente de Boca,  está la idea (que es compartida por quien escribe) de  que se trató, más bien, de un “tubo de ensayo”. Es decir, es sabido que, en los últimos tiempos, las fuerzas conservadoras fueron ganando terreno en la arena política argentina; por lo que las elecciones de funcionarios “polémicos” realizadas por el Jefe de Gobierno porteño bien podrían servir como prueba, como testeo, para saber hasta que punto es factible la imposición de su modelo, el cual, tras las transformaciones culturales-simbólicas del kirchnerismo (las cuales se reflejan necesariamente en políticas sociales, laborales, económicas, etc.), necesita recurrir a la reinvidicación de la última dictadura.

   En este sentido, la renuncia de Posse implicó una derrota para la derecha. Si bien no se trató un retroceso en su posición, sí se logró evitar que avanzara. Esto representa, sin lugar a dudas, un triunfo de las fuerzas progresistas y populares.



jueves, 17 de diciembre de 2009

El Imperio se muestra tal cual es

opinión. Agora...a diario 16/12/2009



Maximiliano Basilio Cladakis

Si en algún momento se pensó que la presidencia de Obama podía implicar una transformación en lo que concierne a la manera de operar del Imperio, los últimos acontecimientos han demostrado que no se trató más que de una esperanza vana. El “cowboy” de ceño fruncido y de pocas palabras cedió su lugar al afroamericano de sonrisa y gestos liberales. Eso fue todo. Si bien durante la campaña, como así también durante los primeros días de gobierno, hubo palabras, estas no devinieron en actos políticos reales. Precisamente, unas semanas atrás, Michael Moore publicó una carta abierta dirigida a Obama. El director de Fahrenheit 911 y de Bowling for Columbine se había mostrado muy entusiasta con el triunfo del actual presidente de los Estados Unidos; sin embargo frente al posible anuncio de enviar refuerzos a Afganistán, le escribió pidiéndole que no se convierta en un “Presidente de Guerra” y que no defraude al pueblo que lo votó. De más está decir que el pedido de Moore no sirvió de mucho.

El miércoles pasado, en efecto, Obama envió treinta mil hombres a Afganistán. Al día siguiente, cuando recibió el Premio Nóbel de la Paz dio un discurso en el cual el eje giró en torno a la defensa de dicha acción. Se trató de un discurso explícitamente belicista, sin matices. Por un lado, defendió la teoría de la “guerra justa”. Por otro, revalidó el rol que Estados Unidos ha tenido durante seis décadas como policía global en resguardo de la “democracia” y de los principios liberales. Sus palabras fueron el sinceramiento de lo que se venía anunciando. Si durante la campaña y primeros días de gobierno, Obama pareció mostrar cierta ambigüedad en sus posiciones, dicha ambigüedad comenzó a esfumarse mediante cuestiones tales como la continuación del bloqueo a Cuba y el giro tomado en relación al golpe de Honduras. Los treinta mil hombres y el discurso en la entrega del Nóbel fue el blanqueo total. Obama se paró frente a la Fundación Nóbel como lo que es: el Presidente de la mayor potencia militar del planeta. Y dejó bien en claro que los intereses de su país (claro que habló de estos mediante eufemismos tales como “democracia”, “lucha anti-terrorista”, etc.) están por encima de todo, incluso de la sonrisa encantadora y del color de piel.

Por otra parte, haciéndose eco del mensaje dado por su presidente, el viernes pasado la Secretaria de Estado Hillary continuó la línea de imposición imperial. Esta vez, las palabras fueron dirigidas a América Latina. La esposa del ex-presidente les advirtió a los gobernantes de algunos países de la región (principalmente Venezuela y Bolivia) sobre las consecuencias que podría haber si no cambiaban sus relaciones con Irán. No se trató de otra cosa más que de una amenaza. Que un alto funcionario estadounidense hablé de “consecuencias” que podría acarrear el no cambiar de actitud, jamás significó otra cosa. Además, sostuvo que hay gobernantes que son electos por medios democráticos, incluso con el apoyo de enormes mayorías, pero que una vez en el poder comienzan a socavar las instituciones. Dio a entender que eso es algo que Estados Unidos no iba a permitir. No es casual que haya dicho esto cuando, unos días atrás, Evo Morales había triunfado en Bolivia con una mayoría aplastante del sesenta y tres por ciento de los votos. Frente al innegable apoyó popular, revalidado por los medios democráticos tradicionales, se necesitaba una excusa nueva para oponerse a los gobiernos que no siguiesen las directivas emanadas de Washington. Ahí aparece, entonces, el “respeto a las instituciones” (vale aclarar que este concepto es mucho más ambiguo que el de elecciones democráticas y que, por tanto, puede ser manipulado con total libertad según las conveniencias). A partir de este concepto, habrá “democracias buenas” y “democracias malas” y las únicas que merecerán el respeto de los Estados Unidos serán las primeras.

El Imperio, pues, ha comenzado a desplegarse. Esto supone el riesgo para todos los países no alineados bajo su égida. Atilio Borón sostiene que, en Estados Unidos, hay un poder temporal, que es el del presidente, y un poder real, que es el de la corporación militar-industrial. En tanto “real”, es este último el que siempre termina por imponerse. En este sentido, el caso de Obama nos demuestra que dicha tesis no es para nada desacertada.


domingo, 13 de diciembre de 2009

Posse... eso es ser pro

opinión. Agora...a diario 13/12/09
Edgardo Pablo Bergna



El jueves 10 de diciembre fue reemplazado el Ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires, el lugar de Mariano Narodowski, ministro saliente, es ocupado por Abel Posse. Conspicuo integrante del Grupo Aurora, junto a Marcos Aguinis y Horacio Sanguinetti (ex director del teatro Colón del gobierno “pro” y funcionario de la dictadura).  Atesora, Abel Posse, los pergaminos y el perfil preferido de la “gestión pro”.

Si bien el cargo, dejado por Mariano Narodowski,  estuvo a disposición, entre otros, del rabino Bergman (¿) y Santiago de Estrada (subsecretario de Seguridad Social en el período 1967-1970 (dictadura de Onganía) y 1976-1983 (dictadura de Videla/Nicolaides) al final, el ministerio, quedo en manos de nuestro “ilustre”.

Escritor, diplomático de carrera, el flamante titular de la cartera de Educación de la Ciudad “pro”, antes de asumir, presentó sus credenciales para su evaluación. El diario “La Nación”, órgano de difusión del sector político al que pertenece, publicó bajo el título Criminalidad y cobardía su artículo. Toda una declaración de principios.

Al momento de escribir estas líneas, algo desconcertados, nos preguntamos si el Sr Posse habrá escuchado bien que el cargo que debe asumir es del área de educación, en tanto que, su discurso en el artículo antes citado (publicado el mismo día de su asunción) hace pura referencia a la inseguridad y a la criminalidad. Uno, ya recompuesto del instante de desconcierto, y vuelto al análisis crítico e histórico, entiende que para el nuevo ministro hay una relación directa entre juventud y criminalidad. Educar es reprimir: “Muchos argentinos sobre todo, jóvenes que no vivieron los hechos (se refiere a los años de dictadura para los cuales fue funcionario) recibieron una versión torcida. Por ese camino empiezan a creer que el orden es umbral de fascismo y la anarquía… No imaginan que democracia implica un riguroso orden. Sin orden como primer valor, la democracia naufraga inexorablemente”. Dice nuestro ministro, entre otras estupideces, en el artículo mencionado.

Abel Parentini Posse actual ministro de Educación del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ya tiene sus primeros seguidores: Luciano Benjamín Menéndez, condenado por tercera vez por delitos de lesa humanidad lo citó en su propia defensa. La sentencia, en un juicio emblemático para los DDHH, se producía el mismo día en que era ungido como ministro de Educación quien hiciera apología de la dictadura: “Bien lo dijo Abel Posse: ningún país repudió a su ejército por lo que le exigieron sus gobiernos”. Dijo Menéndez, responsable  de todos los campos de concentración que funcionaron en las provincias que abarcaba el III Cuerpo de Ejército.

El nombramiento de Posse (entre otros muchos) es una señal más que el gerente de la Ciudad envía a los perjudicados por la política de Derechos Humanos que el actual gobierno Nacional y el anterior lleva adelante; y, es frente a esas medidas, que conllevan otras en el plano social, la fuerte oposición desplegada por los sectores concentrados de poder. “Los Kirchner (…) Se deslizaron con indiferencia y prohijaron el vandalismo piquetero, el desborde lumpen, la indisciplina juvenil. Entregaron la calle” Nos alerta Posse en su texto.

El Jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri y desde ahora, pues es tiempo de juntar las piezas, quien lo apoye, es responsable ya no de un retorno al neoliberalismo de los ¨90 sino del retorno a la “doctrina de La seguridad Nacional” desplegada por la última dictadura para lograr por la fuerza la “seguridad interior” funcional al imperio.

jueves, 10 de diciembre de 2009

De Videla a Lobo

opinión. Agora...a diario



Edgardo Bergna

Maximiliano Cladakis



El golpe de Honduras y su posterior intento de legitimación por medio de elecciones formalmente “democráticas” debe alertarnos sobre la nueva metodología empleada por el bloque histórico dominante para imponer sus intereses en América Latina. Hubo un antecedente (por suerte frustrado a los dos días): el que se perpetró contra el gobierno de Chávez en el 2002. En esa ocasión, al igual que en la acontecida en junio de este año, se trató de un golpe cívico-mediático, donde, si bien se contó con el apoyo de ciertos sectores del ejército, no se trato del clásico golpe militar.



La metodología golpista tradicional implicaba la insurrección de las fuerzas armadas contra el poder civil. Un general se sentaba en el sillón presidencial, se cerraba el Congreso, los comunicados se asemejaban a partes de guerra. Por lo general, la excusa era imponer orden por sobre el caos que regía a la sociedad civil y “defender” a la Patria de la infiltración marxista. La nueva metodología, que logró finalmente consolidarse en Honduras, implica un giro con respecto a esta forma de operar. El que se sienta en el sillón presidencial es un civil, no sólo el Congreso sigue funcionando sino que el golpe se intenta autojustificar por una supuesta defensa del Congreso y del consenso. El discurso ya no versa sobre el caos ni la amenaza marxista, sino sobre el autoritarismo y populismo del líder depuesto, como así también sobre los supuestos atropellos de este frente la forma de gobierno republicana.



Si bien la metodología anterior era en apariencia más violenta, precisamente en esto radica la ventaja estratégica de los nuevos golpes cívico-mediáticos. Cuando, a partir de un golpe de Estado, un representante de las fuerzas armadas se convertía en gobernante, su gobierno no tenía más legitimidad que la fuerza de las armas. Por el contrario, si bien, en el caso de Honduras, el gobierno de Micheletti tampoco encontraba muchas más razones para intentar legitimarse, sí las encuentra Lobo, su sucesor. Aún cuando haya habido una abstención de un setenta por ciento, se “respetaron” las formas “democráticas” y “constitucionales” para el ascenso al poder.



El bloque dominante, por tanto, ha logrado consolidar una estrategia sutil y compleja por la cual resguardar sus intereses ante cualquier intento de transformación socio-económica. Si un gobierno realiza políticas que reduzcan su poder hegemónico, se lo depone y se llama a elecciones lo más rápidamente posible. La dinámica de los hechos hace que quien salga electo no sea sino un empoderado de los intereses de los sectores dominantes. Por un lado, se realiza una proscripción del líder popular depuesto (e incluso el encarcelamiento de este), por otro, los sectores populares se niegan a participar, con razón, de la elección ya que ello implicaría la legitimación del golpe. La estrategia es perfecta: se realiza el golpe para luego hablar de “crisis política” y plantear que el único camino por el cual puede encontrarse una solución son las elecciones. Estas elecciones, por su parte, no hacen otra cosa que darle un marco de legalidad al atropello llevado a cabo contra la voluntad popular. Además, una insurrección frente al gobierno electo, sería condenada como un ataque a la institucionalidad y a la democracia.



Se trata de un círculo del que es casi imposible salir. Si, por vías electorales, quien asume la presidencia no se corresponde con los intereses de los sectores dominantes, este es depuesto para luego llamar a otras elecciones, hasta que finalmente, triunfe quien sea un leal representante de dichos intereses. Si estos son los términos que pueden comenzar a primar en la vida política de América Latina, la democracia se volvería poco más que una farsa, un juego perverso en el que las corporaciones económicas siempre ganan mientras que el Pueblo tiene pautada la derrota de antemano.





lunes, 7 de diciembre de 2009

No pudieron





Maximiliano Basilio Cladakis

No pudieron. Hicieron de todo, pero no pudieron. En los últimos tiempos, el Gobierno de Evo fue uno de los gobiernos latinoamericanos que recibió los mayores ataques de parte del Imperio y de la oligarquía. Campañas mediáticas con afán desestabilizador, los muertos de Pando, planes de magnicidio. Como dijimos unas líneas atrás, hicieron de todo; pero, igualmente, no pudieron. Ayer el Pueblo se impuso en las urnas. O mejor dicho, arrasó. Hablar de un 63 por ciento es hablar de un triunfo descomunal. Ellos no pudieron, pero el Pueblo sí pudo. Si se organiza, si lucha, si se mantiene firme y no se deja encandilar por los espejismos multicolores con los que los opresores y sus sicarios desean confundirlos, el Pueblo sí puede. La Justicia está con él, y no tan sólo la Justicia, sino también la Verdad.

El Pueblo de Bolivia pudo. Nosotros también podemos. Somos partes del mismo Pueblo Latinoamericano. Hay que trabajar, comprometerse, acompañar el proceso de transformación iniciado en los últimos años en nuestro lugar del mundo. Apoyar los grandes liderazgos nacionales y populares: Chávez, Evo, Correa, Kirchner, Mújica y demás, y tener bien en claro a quienes responden los otros, que intereses defienden aquellos que reciben el constante apoyo de los grandes medios: Uribe, Martinelli, Micheletti, De Narvaez, Macri, Cobos, Duhalde. La lucha es el camino, nuestro camino. Desde lo político, desde lo social, desde lo económico, desde lo cultural, todos nuestros esfuerzos deben confluir en un mismo fin: una América Latina libre, soberana, justa, verdadera. Ese es nuestro destino histórico. Lo otro es la nada, la esclavitud, la muerte, el no ser.

Esta vez ellos no pudieron, y nosotros sí. Sin embargo, el cambio recién comienza Que sepan bien que tienen razón cuando afirman, temerosos, que vamos por todo. Sí, vamos por todo. Cada triunfo nos da nuevas fuerzas y nos impulsa a seguir a delante, a ir por más, siempre por más. Que sepan bien que hoy se cumple aquello que, unas décadas atrás, hubo anunciado el gran líder popular de nuestra Patria: ha llegado la Hora de los Pueblos.

Y por eso gritamos (de corazón, muy de corazón, porque el compromiso debe ser total, sentirse en la carne, atravesar cada poro de nuestra piel, estar presente en cada respiro):

¡Viva Evo! ¡Viva Bolivia! ¡Viva Argentina! ¡Viva América Latina y su Pueblo, que ya ha comenzado a transitar el camino de la Liberación!







miércoles, 2 de diciembre de 2009

¿Unidad nacional o Unión Democrática?




Maximiliano Basilio Cladakis

   Hace unos meses, Joaquín Morales Sola criticó a Kirchner por tener como principales aliados a sindicalistas y piqueteros en vez de a empresarios. Es de imaginar que al periodista del diario de los Mitre, le debe caer mucho más en gracia Duhalde, ya que  este sí busca tener el apoyo político del alto empresariado, tanto nacional como internacional, y nunca de sindicalistas o piqueteros (¿alguien considera realmente a Barrionuevo un sindicalista?). En las últimas semanas, el ex senador devenido en presidente a partir de las intrigas políticas, buscó la bendición de sectores tales como la Cámara de Comercio Argentino-Británico y la UIA. Precisamente, frente a representantes de esta última, hace unos días, lanzó su eslogan de “Gobierno de Unidad Nacional”.

    El ex “cacique” del Conurbano sostuvo la necesidad de un acuerdo entre las distintas fuerzas políticas para reconstruir la Nación. De aquí, pueden surgir, al menos, dos preguntas. Primero ¿a qué fuerzas políticas se refiere para esa supuesta reconstrucción? Segundo, ¿qué es lo que hay que reconstruir de la Nación? Con respecto a la primera pregunta, Duhalde las mencionó directamente. Las fuerzas que deben confluir en el Gobierno de Unidad Nacional son: el PJ disidente, la Coalición Cívica y la UCR. Es decir, que, obviamente, el kirchnerismo queda afuera de dicho Gobierno. No es casual esto, lo que nos lleva a la segunda pregunta. En efecto, el kirchnerismo queda fuera del “gran acuerdo” porque lo que hay que reconstruir de la Nación gira en torno a los “horrores” cometidos por este. La Unidad Nacional  es una unidad contra esta fuerza política.

   Queda claro, por lo tanto,  que el sueño de Duhalde, aunque él no lo diga, no es sino el surgimiento de una nueva Unión Democrática. Si en los años ´40 y ´50, el gran monstruo al que había que combatir, dejando las diferencias partidarias (¿e ideológicas?) de lado, era el peronismo, ahora ese monstruo se llama kirchnerismo. Imaginemos que esa nueva Unión Democrática lograra conformarse. Ella buscaría (como lo buscan ahora pero de manera individual) el apoyo del alto empresariado, de la Iglesia y del “Campo”, lo que nos habilitaría a decir  aquello que, en el 18 Brumario, Marx le atribuía a Hegel: la historia se repite.

   Radicales, progresistas, conservadores ¿peronistas? (esto es quizás la única novedad), conformando un frente único que, con el apoyo de las grandes corporaciones, luche contra un movimiento nacional y popular. Faltarían los militares y el cuadro estaría completo.