Ágoraa diario la arena política

realidad en blanco y negro...

Maximiliano Cladakis-Edgardo Bergna editores. Organo de opinión política de Atenea Buenos Aires. Radio Atenea y Agora Buenos Aires

Escriben: Leandro Pena Voogt-

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lunes, 30 de noviembre de 2009

¿Que pasó con Mosca? (Cuento)





Un homenaje a El Eternauta


Julio Paz

Maximiliano Cladakis

Ya era de noche. Hacia más de una hora que estaba solo en el consultorio. La pobre Mariana me había ofrecido quedarse un rato más; pero me negué y la mandé para la casa. No había mucho que una secretaria pudiera hacer; era yo el que debía terminar de ordenar los estudios. Además, estaba muy cansada, se le notaba tanto en la mirada como en el tono de voz. No era para menos, llevaba haciendo horas extras casi un mes. Yo también notaba el desgaste. Había mucho trabajo. La ola de frío que azotaba Buenos Aires estaba causando estragos y las obras sociales derivaban gente a los consultorios privados. Venían en aluviones. Además del frío, la paranoia generada por la epidemia de gripe hacía que las personas realizasen consultas médicas por sólo dos estornudos. Si bien el beneficio económico era importante, me encontraba sumamente agotado. Por otra parte, también estaban Adriana y Romi. No pasaba el tiempo suficiente con ellas. El día anterior, con Adriana, habíamos cumplido ocho años de casados y apenas pudimos tomar una copa de vino antes de que quedara, más que dormido, casi muerto en el living ... (para seguir leyendo clickee aqui)









miércoles, 18 de noviembre de 2009

Marx, Grondona y los intereses del Pueblo





Maximiliano Basilio Cladakis

   Que la imbecilidad combinada con la mala fe son atributos casi esenciales de los “intelectuales” de La Nación, ya lo sabemos. Sin embargo, aún sabiéndolo, quien escribe continúa asombrándose. Leer las reflexiones de Aguinis o de Morales Sola es lo mismo que leer un panfleto mal escrito donde se entremezclan el gorilismo, el moralismo abstracto, la mentira y los chismes de almacén (con perdón de los almaceneros honestos). Hace tiempo que esto ocurre; en algún momento, el diario de los Mitre podía jactarse de poseer al menos “cierto estilo”. Desde su tradicional posición oligárquico-conservadora, algunos de los que conforman su plantel podían escribir medianamente bien a nivel formal, a la vez que mantener una posición teóricamente coherente con su práctica liberal. Ya no es más así. Y cada día que pasa es peor.

   En su editorial de hoy, Grondona se dedicó, como es  costumbre, a atacar las políticas del Gobierno. Es habitual en él utilizar como disparador frases de algún pensador o intelectual, a las que luego relaciona con la situación política actual. También es habitual que, salvo cuando se trata de un autor neoliberal, como Nozick o Friedman, haga un mal uso de ellos, se trate tanto de Platón o Aristóteles, como de un liberal del siglo XVII al estilo de Locke. Es a lo que nos tiene acostumbrados. Grondona es un sofista en el mal sentido de la palabra (de nuevo hay que pedir perdón, esta vez a Gorgias y a Protágoras). Tergiversa, miente, utiliza argumentos falaces, hace un uso ilegítimo y descontextualizado de las palabras de los otros para realizar su eterna defensa de las corporaciones. Con respecto a esto último, hoy lo llevó al extremo, pues, hoy se valió de Marx con esta intención.

   Tomando como disparador la conocida frase de que “la religión es el opio de los pueblos”, Grondona dedicó su pluma a criticar dos de las mejores medidas oficiales tomadas en los últimos meses: la estatización de la televisación del fútbol y los subsidios dados a las organizaciones populares ¿El argumento? Tanto el fútbol como  los subsidios cumplirían la función del opio, ya que aquellos que se ven beneficiados por estas medidas, perderían de vista sus intereses reales. Las masas quedarían conformes por tener “fútbol gratis” y recibir subsidios del estado para los emprendimientos cooperativos, por lo que terminarían apoyando al Gobierno. Grondona equipara textualmente el “pan y circo” romanos con el “fútbol” y “subsidios” kirchneristas. Tanto una dupla como la otra, representarían el opio del que hablaba Marx. Claro, Grondona se encarga de aclarar que, en verdad, la religión no es ningún opio. “Opio” sólo son las medidas populistas.

   Unos párrafos atrás, mencionamos la imbecilidad y mala fe de los “intelectuales”  de La Nación. La  apropiación realizada por Grondona de la frase de Marx exhala ambas cosas, a la que podríamos agregar una tercera: la ignorancia. La frase en cuestión aparece en la Crítica a la filosofía del derecho de Hegel de 1843. Con ella, Marx se refería al hecho de que, al ser su existencia en la tierra insoportable, las clases oprimidas se veían en la necesidad de “crear” un mundo ficticio donde la felicidad y el fin del sufrimiento estuvieran asegurados. Ese otro mundo irreal hacía más vivible este mundo real; por ello el empleo de la palabra “opio”: el “más allá” servía para apaciguar los dolores del “más acá”. Marx creía necesaria la crítica a la religión ya que, efectivamente, la esperanza que nacía desde el seno del cristianismo hacía que las masas no se rebelaran contra sus opresores. Sin embargo, el fin de ese mundo ficticio implicaba el fin del mundo de la explotación. Si existía un opio era porque había dolor, y ese dolor se debía a la opresión causada por el capitalismo. Sólo con la abolición de la propiedad privada y el fin de la dominación burguesa dicho dolor llegaría a su final.

   A grandes rasgos, este es el sentido de la frase que cita Mariano, pero no el que él le da. O bien no leyó el texto, o bien no lo supo comprender, o bien simplemente falsifica de manera adrede las palabras de Marx (seguimos creyendo que es una conjunción de las tres posibilidades). Por un lado, Marx se refiere a la religión, por más que a Grondona no le guste. Precisamente, ella y las teorías liberales de la economía son, para el autor de El capital,  los máximos exponentes de la “ideología”, entendida esta última como construcciones intelectuales productos de la alienación humana. Religión y liberalismo, los dos baluartes de Grondona. Por otro lado, terminar con el “opio” implica terminar con el capitalismo y el inicio de la colectivización de los medios de producción ¿Qué diría Mariano de esto?

    Con respecto a los intereses del Pueblo; para Grondona, el futbol y los subsidios harían que el Pueblo pierda de vista sus verdaderos intereses. Sin embargo ¿no es al revés? Si desde el Gobierno se le da al Pueblo “fútbol y subsidios”, mientras que la oposición (a la que él mismo pertenece) no le da ni una cosa ni la otra, ni tampoco una tercera, ¿Qué el Pueblo siga sus intereses reales no significa que apoye a quien más lo beneficia? Si por un lado ofrecen “pan y circo” y por otro lado “palos y hambre”, no hay duda de que un Pueblo que comprende sus intereses debe optar por el primero.

    Si alguna vez la derecha oligárquica-conservadora tuvo cuadros intelectuales medianamente importantes, esos tiempos ya quedaron lejos. Grondona es un buen ejemplo y no caben dudas de ello.
  



martes, 17 de noviembre de 2009

El sueño de “Su”





Maximiliano Basilio Cladakis

    La semana pasada “Su” exigió que se reprimiera. Por un lado, la “inseguridad”. Por otro, los piquetes. “¡Esto no puede seguir así!”“¡Vivimos en medio del caos!” “¡Que alguien haga algo!”. Las palabras recorrieron los medios y una parte de los famosos acompañaron su pedido (no todos pero, como es costumbre, las voces de los que no estaban de acuerdo no aparecieron por ninguna parte). Era algo que ya había pasado. Todos recordamos la forma en que, unos meses atrás, “Su” clamaba por la Ley del Talión. “El que mata tiene que morir”, dijo entonces, y la secundaron los mismos que la secundan ahora: Legrand, Tinelli, “Facho” Castaña, etc. Sin embargo, esta vez fue más lejos, antes debía morir el que había matado, ahora debería hacerlo todo aquel que alterase el orden (el orden tal cual lo entiende “Su” y su “gente”); porque se sabe que la represión puede implicar también la muerte. Uno de los sueños de “Su” es uno de los sueños comunes de toda aquella generación que se enriqueció o alcanzó la “gloria” durante la Dictadura, o, en el caso de ser más jóvenes, durante la “Segunda Década Infame”, como se la está comenzando (acertadamente) a llamar: que la Policia realice “correctamente” su tarea, es decir, que avance, omnipotente e implacable, coartando todo derecho, sin limitar en forma alguna sus fuerzas, sino, por el contrario, exhibiéndolas lo máximo posible.

    Precisamente, el último sábado, el sueño de “Su” comenzó a cumplirse.  Un joven de 17 años fue victima de la represión policial y, en estos momentos, se encuentra en coma irreversible, con muerte cerebral. No se trataba de un delincuente, ni de un piquetero, sólo estaba en un recital de rock. No es exactamente lo que “Su” había pedido, pero por algo se empieza. Tal vez, si se le preguntase sobre la relación entre sus palabras y este hecho, “Su” diría que nunca pidió algo así y que no la debemos malinterpretar. Sin embargo, se pidió “represión” y esta palabra se ha convertido en una realidad tangible.

   Hoy, una vida adolescente se desvanece mientras “Su” continúa riendo ingenuamente y preguntándose si los dinosaurios siguen vivos o no. Si sus palabras legitiman un asesinato, si reivindica los crímenes de lesa humanidad, si hace apología del delito, si defiende a la Dictadura,  nada de eso importa. Es una diva, y, encima, una buena mina. Los "exitosos" son inimputables.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El engaño del pobre "perfecto"

Raquel Gurevich




En el mundo hay muchos héroes.....pero, porque no les queda mas remedio. Cuando Borges, en alguna obra define la diferencia entre un héroe y un cobarde, la define diciendo que: al héroe lo que le falta es lógica, o sea, no piensa lo que hace y sus consecuencias. Por ende, el cobarde posee el monopolio del razonamiento inteligente. Esta de moda entre la clase media exaltar la imagen del Che. Darle un tinte romántico a su vida y corroborarlo yendo a ver la película que de él filmaron. Entonces, todo lo que sea sacrificado, pobre y exigido es sinónimo de nobleza. Y mucha más nobleza tiene si además de ser pobre también es pulcro....falta agregar el atributo del orden y ya tenemos al virtuoso pobre "perfectísimo". Y digo "perfectísimo" porque si alguien conoce algo de religión cristiana, esta palabra en los textos religiosos es bastante utilizada. Se la utiliza a menudo en referencia a dios (coloco la palabra Dios en minúscula con total conciencia, ya que no deseo se confunda esta nota con una defensa desde la fe). Un dios que posee entre sus atributos el de la infinita perfección. Y bien vale esta acotación pues, de alguna manera predicar estos atributos de este hombre o de aquellos que uno cree se le parecen es de alguna manera elevarlo al lugar de un dios temporal. Es crear una analogía, una identidad que en nada beneficia. Crea o continúa la tradición de las jerarquías. Dios, idea rectora de la perfección. Para colmo algunos se acercan por un día a uno de estos "héroes" y se dan el lujo de relatarlo como si fuera un hecho romántico al mejor estilo Hollywood. Y luego rematar con alguna frase trillada demostrando de esta manera que la hipótesis "es un golpe bajo al mejor estilo yanqui" es una hipótesis disfrazada de hecho. Señores es hora de decirlo no sé es pobre por elección.

lunes, 9 de noviembre de 2009

El racismo de la Presidenta




Maximiliano Basilio Cladakis



En la columna que escribe para La Nación, Joaquín Morales Sola ayer acusó a la Presidenta de racista. “Según Cristina, la culpa fue de la prensa por contar esos tormentos sociales y por quejarse de "los pobres y los negros". Ningún otro presidente democrático tuvo un discurso tan implícitamente racista como el que deslizó la jefa del Estado. Nadie, en síntesis, habló de "negros" como habló ella”. Para Morales Sola, por lo tanto, el empleo de la palabra “negro” implica incurrir en el racismo.



Esto, sin embargo, no se trata más que de una nueva imbecilidad del periodista de TN y de La Nación. Pues, si bien, el empleo de la palabra “negro” puede ser un acto de racismo, también puede ser lo contrario, es decir, una denuncia de actos racistas. El sentido de una palabra (de cualquier palabra) está dado, entre otras cosas, por el contexto en el que se la pronuncia como, así también, por la intención del sujeto que la dice. La palabra “negro” dicha, por ejemplo, por un policia que detiene, con o sin causa, a un menor señala el racismo de quien la pronuncia. Ocurre lo mismo cuando quien la pronuncia es el hombre “decente” que, en su automóvil medianamente nuevo, se ve demorado por algún piquete. O cuando lo dice la “buena vecina” que ve pasar a dos jóvenes de piel oscura, con pantalones anchos y capuchas paseando por las calles de Villa Devoto. En estos casos se trata de un racismo explícito. Sin embargo, existe, también, el racismo implícito. Los racistas de este tipo no incurren en la “incorrección” de pronunciar la palabra “negro”, sino que las críticas recaen sobre las costumbres propias de aquellos a los que (aún sin decirlo) consideran “negros”. Los ejemplos son infinitos: desde la cumbia hasta la manera de vestir, desde el choripan y las tortas fritas hasta las ferias “truchas”.



Precisamente, frente a este racismo silencioso, la pronunciación de la palabra no dicha puede servir como instrumento de denuncia, como forma de develar el racismo encubierto del otro. Sartre era un maestro en este arte. En sus textos sobre la colonización de Argelia, utilizaba las palabras prohibidas de la Francia “progresista”, “humanista” y “liberal” para develar el racismo de las políticas coloniales. Esto causaba la turbación de las “buenas conciencias” francesas. Su racismo quedaba a la vista de igual manera en que quedaba en evidencia que no eran tan distintos a aquellos alemanes que se jactaban de haber derrotado unos años atrás.



La Presidenta, cuando empleó la palabra “negros” lo hizo con este sentido. Los grandes medios y la oposición son racistas, y no tan solo racistas, sino también clasistas. Condenan los piquetes y demás tipos de manifestaciones si provienen de los “negros” y de los “pobres”, a la vez que legitiman todos los reclamos de los “blancos” y  de los “ricos”. Sin embargo, se cuidan de no pronunciar la palabra prohibida. Hablan de "tumultuosos", de "manifestantes pagos", de "delincuentes", etc., pero jamás de "negros" ni de "pobres". Las palabras de la Presidenta, por lo tanto, no hicieron más que develar esta situación, de dejarlos en evidencia.




viernes, 6 de noviembre de 2009

La concepción macrista de “vecino”




Maximiliano Basilio Cladakis





Una constante en los discursos de Macri es hacer uso del término “vecino”. Son incontables las veces que ha pronunciado frases como “trabajar para los vecinos”, “resolver los problemas de los vecinos”, “que el vecino esté bien”. Esa categoría, es decir, “vecino”, tiene una clara intención: presentarse como categoria “apolítica” y “desideologizada” (recordemos que, para Macri, “política” e “ideología” son casi malas palabras). Hablar de “vecino” es similar a hablar de “gente”, a primera vista no parecen tener un sentido “político” ni “ideológico”. De manera distinta suenan palabras tales como “pueblo”, o “clase social”, o “corporaciones”. Ya las palabra mismas, según quien las diga y como las diga, parecieran señalar una posición “política” e “ideológica”, ni hablar de términos como “oligarquía” o “trabajadores”. En parte, es verdad, en un primer momento, la palabra “vecino” no parece tener ningún contenido “político”. La primera definición que da el Diccionario de la Real Academia Española es: “que habita con otros en un mismo pueblo, barrio o casa, en habitación independiente”. Hasta aquí podemos decir que la utilización del término no pareciera tener un claro sentido político o ideológico. Sin embargo, la segunda definición, cambia un poco esta impresión: vecino es el “que tiene casa y hogar en un pueblo, y contribuye a las cargas o repartimientos, aunque no viva en él”. Ya no se trata de vivir o no en un barrio o pueblo, sino de poseer propiedades en él y de contribuir en el gasto público, aún cuando no se viva en ese pueblo o barrio. Hay, también, una tercera definición: el vecino es aquel “que ha ganado los derechos propios de de la vecindad en un pueblo por haber habitado en él durante el tiempo determinado por la Ley”. Y, por último, una cuarta: vecino aparece como sinónimo de “cercano, próximo”.



Con respecto a la primera, no se refiere más que a una cuestión de ubicación, casi geográfica. Sin embargo, en la segunda a lo que se hace referencia es a una clase social determinada. Vecino no es simplemente “el que habita tal barrio o pueblo”, sino el que posee propiedades en ese barrio o pueblo. Precisamente, con la sola condición de poseer dichas propiedades, no hace falta residir en el lugar de donde se es “vecino”, mientras que el que habita en ese barrio o pueblo, sin ser propietario, no posee dicho privilegio. Con respecto a la tercera, no hay mucho que decir. Sin embargo, la cuarta es interesante. Ser “vecino” significa ser “cercano” y “próximo”. Muy probablemente, el Diccionario se refiera a una cuestión geográfica, ya que, como adjetivo, la palabra “vecino” se refiere también a ciudades o países que se encuentran a no mucha distancia entre sí. Con todo, también hay otro significado, ya que puedo decir que alguien es cercano o próximo a mí, porque siento un vínculo de identificación con él, que no tiene que ver necesariamente con la distancia espacial. En este sentido, “próximo” y “cercano”, también pueden ser comprendidos como sinónimos de “semejante”.



Ahora bien, como decíamos al comienzo, el sujeto al que supuestamente van dirigidas las políticas de Macri es al “vecino” de la Ciudad de Buenos Aires. Justamente, hoy, tras la desaparición de la UCEP como órgano operante del Gobierno de la Ciudad, el líder del PRO afirmó que este grupo de choque “funciona bien y les da un buen servicio a los vecinos”. En este sentido, podemos observar que, cuando Macri habla de “vecinos”, no emplea el término ni en la primera, ni en la tercera acepción (la tercera acepción marcaba que la categoria de “vecino” era dada por el tiempo que se llevaba residiendo en un barrio o pueblo, sin embargo la cuestión temporal no es de importancia para Macri), sino que lo utiliza mezclando la segunda y la cuarta. El “vecino”, para Macri, es aquel que posee propiedades y que paga sus impuestos, que manda a sus hijos colegios privados y tiene una obra social que resguarda su salud. El “vecino” es el que “es como uno”, es decir, el cercano o próximo al mismo Macri. . De aquí que el “vecino” y el “habitante” no son lo mismo, sino que pueden, incluso, aparecer enfrentados. El pobre, el marginal, el excluido, el sujeto social que se ve afectado por los desalojos y la violencia de la UCEP son lo Otro del “vecino”, lo “no-semejante”. Entre el “vecino” y este, no hay vecindad posible. Por eso, dichos desalojos representan un buen servicio a los “vecinos”. Los desheredados son una molestia para estos. Por un lado, afean la ciudad, “su” ciudad; por el otro, el simple hecho de verlos puede conllevar una extraña mezcla de terror y de culpa.



Gobernar para los “vecinos” como lo hace Macri, es gobernar ideológica y políticamente (como no puede ser de otra forma, por cierto); sólo que su ideología se nutre, en vez de en la inclusión, en la exclusión. Sólo se habla de “ideología” e “intereses políticos” (otorgándoles a ambos conceptos una valoración negativa) cuando se trata de un Gobierno que se basa en la inclusión y cuando el sujeto socio-político al que van dirigidas las políticas gubernamentales no son unos pocos sino las grandes mayorías.






miércoles, 4 de noviembre de 2009

La libertad de prensa es efectivamente libertad de empresa




Maximiliano Basilio Cladakis



Un grupo de sindicalistas bloqueó la salida de tres distribuidoras de diarios en reclamo a Clarín y a La Nación. El motivo del reclamo era, por un lado, una mejor remuneración salarial para los trabajadores de dichas corporaciones, por otro, para que estos tengan la posibilidad de la actividad sindical. Tanto en Clarín como en La Nación, esto se presentó como un ataque del Gobierno a la libertad de prensa, ya que no se permitió la “normal” circulación de los periódicos. ADEPA, algunos periodistas y la Oposición manifestaron su repudio a este hecho. Silvana Giudici dijo que "todo esto forma parte de un plan perfecto del Gobierno para eliminar el pensamiento crítico y la crítica periodística”. Su correligionario, Gerardo Morales, la secundó: "es una nueva muestra de la necesidad de control de los medios".



Con respecto a la acusación, hay dos puntos para señalar. En primer lugar, para afirmar que el Gobierno dio una orden para que se realizara el bloqueo, se requiere una demostración. Si se habla de periodismo “serio e independiente”, no se puede hacer acusaciones sin tener las pruebas necesarias. De lo contrario, no se trata más que de hipótesis pronunciadas con intención performativa (en este caso, forjar en la opinión pública la idea de que el Gobierno desea coartar la libertad de expresión). Si se infiere que el Gobierno es responsable sólo porque los sindicalistas pertenecían a la CGT y supuestamente la CGT es oficialista, entonces, podríamos “acusar” de todo a cualquiera, tan sólo por encontrar algún vínculo con alguien que haya hecho algo.



En segundo lugar, lo que es más importante: tanto Clarín como La Nación se escudan en la “Libertad de prensa” para defender sus intereses corporativos. Quedó en evidencia cuando se inició la discusión sobre la Ley de Medios. En este caso, vuelven a quedar en evidencia. El reclamo de los sindicalistas era totalmente legítimo. Es sabido que ninguno de los diarios respetan los derechos laborales existentes. Despidos masivos, persecución a los gremialistas, incluso existen prohibiciones para que los trabajadores se articulen en gremios. Ambos periódicos son empresas que se manejan bajo la lógica perdida/ganancia, el trato dado a los trabajadores tiene como razón esta lógica. Si bien, en este sentido, actúan como cualquier empresa privada, lo novedoso es que la defensa de los derechos de los trabajadores conlleve a la acusación de coartar la libertad de expresión. A toda empresa, le molesta que sus empleados reclamen sus derechos, pero sí se hace frente a un multimedios se incurre en agresión a la prensa. Bajo el lema de “libertad de prensa”, se intenta, entonces, consolidar la “impunidad” de las corporaciones económicas, que, como sabemos, es lo que son los grandes medios. Se trate, tanto de las críticas que pueden realizarse desde la política o desde la intelectualidad, como de cualquier intento de reivindicación salarial, todo lo que atente contra sus intereses es considerado como un ataque a la libertad de prensa.



Llevando la lógica al extremo, la derogación de las leyes de flexibilización laboral realizada  durante el Gobierno de Nestor Kirchner fue también un ataque a la libertad de prensa. Pues, para Clarín y La Nación (y también para la Oposición) la libertad de prensa es, simplemente, libertad de empresa.